12 Tm1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la vida prometida que hay en Cristo Jesús, 2a Timoteo, mi querido hijo: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
3Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con una conciencia pura, porque continuamente te tengo presente en mis oraciones noche y día. 4Al acordarme de tus lágrimas estoy deseando verte para llenarme de alegría. 5Me viene a la memoria tu fe sincera, que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro de que también en ti.
6Por esta razón, te recuerdo que tienes que reavivar el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos, 7porque Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino de fortaleza, caridad y templanza.
8Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por el Evangelio con fortaleza de Dios, 9que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no en razón de nuestras obras, sino por su designio y por la gracia que nos fue concedida por medio de Cristo Jesús desde la eternidad. 10Esta gracia ha sido mostrada ahora mediante la manifestación de Jesucristo nuestro Salvador, que ha destruido la muerte y ha revelado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio, 11del que yo he sido constituido predicador, apóstol y maestro. 12Y ésta es la razón por la que padezco esas cosas; pero no me avergüenzo, pues sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para conservar mi depósito hasta aquel día.
13Ten por norma las palabras sanas que me escuchaste con la fe y la caridad que tenemos en Cristo Jesús. 14Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros.
15Ya sabes que me han abandonado todos los de Asia, entre ellos Figelo y Hermógenes. 16Que el Señor tenga misericordia con la casa de Onesíforo, porque me alivió muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas; 17es más, en cuanto vino a Roma, se apresuró a buscarme hasta que me encontró. 18¡Que el Señor le conceda encontrar misericordia aquel día! Por lo demás, tú sabes mejor cuántos servicios prestó en Éfeso.
22 Tm1Tú, pues, hijo mío, hazte fuerte con la gracia de Cristo Jesús, 2y lo que me has escuchado, garantizado por muchos testigos, confíalo a hombres fieles que, a su vez, sean capaces de enseñar a otros.
3Comparte conmigo el sufrimiento como un noble soldado de Cristo Jesús. 4Nadie, mientras sirve en el ejército, se entromete en asuntos civiles si quiere satisfacer a quien le reclutó. 5Y tampoco el atleta consigue el triunfo si no ha competido reglamentariamente. 6El agricultor que brega debe ser el primero en beneficiarse de los frutos. 7Entiende bien lo que digo, pues el Señor te dará talento para discernir todas las cosas.
8Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos, descendiente de David, como predico en mi evangelio, 9por el que estoy sufriendo hasta verme entre cadenas como un malhechor: ¡pero la palabra de Dios no está encadenada! 10Por eso, todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna.
11Pueden estar seguros:
Si morimos con él, también viviremos con él;
12si perseveramos, también reinaremos con él;
si lo negamos, también él nos negará;
13si no somos fieles, él permanece fiel,
pues no puede negarse a sí mismo.
14Esto has de enseñar, advirtiendo encarecidamente en la presencia de Dios que no se discuta sobre palabras, que no vale para nada, más que para la perdición de quienes lo están escuchando. 15Esmérate por presentarte ante Dios como un hombre honrado, trabajador que no tiene de qué avergonzarse, que expone con rectitud la doctrina verdadera. 16Evita las conversaciones profanas e inútiles, porque llevan cada vez más a la impiedad, 17y sus palabras corroen como la gangrena. De esos son Himeneo y Fileto, 18que se han desviado de la verdad al decir que ya ha tenido lugar la resurrección, y echan por tierra la fe de algunos. 19No obstante, el sólido cimiento de Dios se mantiene firme, con esta inscripción: El Señor conoció a los que son suyos, y todo el que invoca el nombre del Señor, que se aparte del pecado. 20En una casa grande, no sólo hay vasijas de oro y plata, sino también de madera y de barro: unas son para usos nobles, otras para usos vulgares. 21Pues bien, quien se purifique de los usos vulgares, será una vasija para uso noble, santificado y útil a su dueño, preparado para toda obra buena.
22Huye de las pasiones juveniles y sigue en cambio la senda de la justicia, la fe, la caridad y la paz con los que invocan al Señor con corazón limpio. 23Evita las discusiones necias e insustanciales, pues ya se sabe que degeneran en peleas. 24Y no es propio de uno que sirve al Señor pelearse, sino ser amable con todos, hábil para enseñar, paciente, 25que corrija con mansedumbre a los que disienten, por si Dios les da un arrepentimiento que les lleve a reconocer la verdad 26y a recobrar el sentido, escapando de los lazos del diablo, que los mantiene cautivos y sometidos a su voluntad.
32 Tm1Ten en cuenta esto: en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. 2Pues los hombres serán egoístas, codiciosos, arrogantes, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3crueles, implacables, calumniadores, desenfrenados, inhumanos, enemigos del bien, 4traidores, temerarios, envanecidos, más amantes del placer que de Dios, 5guardarán ciertos formalismos de la piedad pero habrán renegado de su verdadera esencia. Apártate también de éstos. 6Algunos de ellos se meten en las casas y cautivan a mujerzuelas cargadas de pecados y arrastradas por todo tipo de pasiones; 7siempre están curioseando y nunca son capaces de llegar a conocer la verdad. 8Lo mismo que Yannes y Yambrés se opusieron a Moisés, también éstos se oponen a la verdad; son hombres de mente pervertida, incapacitados para creer. 9Pero no llegarán lejos, porque su necedad quedará a la vista de todos, como sucedió con la de aquéllos.
10Tú, en cambio, me has seguido en la doctrina, en la conducta, en los planes, en la fe, en la paciencia, en la caridad y en la constancia; 11en persecuciones y sufrimientos como los que me sobrevinieron en Antioquía, Icono y Listra: ¡qué persecuciones sufrí!, y de todas me libró el Señor. 12Por lo demás, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos; 13mientras que los hombres malos y embaucadores irán de mal en peor, engañando a otros y engañándose a sí mismos.
14Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y creído, ya que sabes de quiénes lo aprendiste, 15y porque desde niño conoces la Sagrada Escritura, que puede darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. 16Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar en la justicia, 17con el fin de que el hombre de Dios esté bien dispuesto, preparado para toda obra buena.
42 Tm1En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que va a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino, te advierto seriamente: 2predica la palabra, insiste con ocasión y sin ella, reprende, reprocha y exhorta siempre con paciencia y doctrina. 3Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus pasiones para halagarse el oído. 4Cerrarán sus oídos a la verdad y se volverán a los mitos. 5Pero tú sé sobrio en todo, sé recio en el sufrimiento, esfuérzate en la propagación del Evangelio, cumple perfectamente tu ministerio.
6Pues yo estoy a punto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. 7He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe. 8Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida.
9Apresúrate a venir cuanto antes, 10pues Demas me abandonó por amor de este mundo y se marchó a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia; 11sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio. 12A Tíquico lo mandé a Éfeso. 13Cuando vengas, trae la capa que me dejé en Tróade, en casa de Carpo, y los libros, sobre todo los de pergamino. 14Alejandro, el herrero, me ha ocasionado muchos males. El Señor le pagará de acuerdo con sus obras. 15Tú, ten cuidado con él, pues se ha opuesto obstinadamente a nuestras palabras.
16Nadie me apoyó en mi primera defensa, sino que todos me abandonaron: ¡que no les sea tenido en cuenta! 17Pero el Señor me asistió y me fortaleció para que, por medio de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león. 18El Señor me librará de toda obra mala y me salvará para su reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
19Saluda a Prisca y Aquila, y a la familia de Onesíforo. 20Erasto se quedó en Corinto. A Trófimo lo dejé enfermo en Mileto.
21Apresúrate a venir antes del invierno.
Te saludan Eúbulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.
22El Señor esté con tu espíritu. La gracia esté con ustedes.