COMENTARIO

 2 Tm 2,14-21 

Ante los errores o malentendidos se subraya la firmeza de la Iglesia, utilizando la imagen de la edificación (v. 19). Era costumbre unir a la primera piedra un «documento fundacional»; si se trataba de un templo o una edificación religiosa, ese documento solía contener unas frases que indicaban el origen y la finalidad del edificio. Siguiendo este símil, el Apóstol imagina dos inscripciones básicas: la primera, tomada de Nm 16,5, recuerda la elección que Dios hace y el cuidado que tiene de los suyos; la segunda, tomada de Is 26,13, afirma la necesidad de la santidad. Es ésta una de las notas esenciales de la Iglesia: «Tú eres Santa, Iglesia, Madre mía, porque te fundó el Hijo de Dios, Santo: eres Santa, porque así lo dispuso el Padre, fuente de toda santidad; eres Santa, porque te asiste el Espíritu Santo, que mora en el alma de los fieles» (S. Josemaría Escrivá, Lealtad a la Iglesia).

Por otra parte, lo mismo que en cualquier casa hay vasijas de todo tipo (vv. 20-21), no hay que escandalizarse de que en la Iglesia haya pecadores o quienes en algún momento tengan una conducta menos noble; más bien se ha de orar por su conversión, pues todos están llamados a ser santos, dispuestos a realizar toda clase de obras buenas, cada uno en su lugar: «Cada uno de nosotros, los que estamos instruidos en la Palabra, somos servidores de cada una de las actividades que nos han sido prescritas según el Evangelio. En efecto, en la gran casa que es la Iglesia no sólo hay toda clase de vasos de oro y de plata, de madera y de barro, sino también toda clase de profesiones. La casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, tiene cazadores, viajeros, arquitectos, constructores, agricultores, pastores, atletas, soldados» (S. Basilio de Cesarea, Homilia in illud: Attende tibi ipsi 4).

Volver a 2 Tm 2,14-21