COMENTARIO

 2 Tm 2,22-26 

Es ésta una llamada a la paciencia y serenidad frente al error, para buscar el arrepentimiento y la rectificación. «Que el superior no haga las reprensiones a los que han faltado cuando está emocionalmente alterado —aconseja San Basilio—. En efecto, censurar al hermano con indignación e ira no es liberarlo del pecado, sino echarle más faltas encima. Por eso dice la Escritura: que corrija con mansedumbre a los que disienten. Y ni aunque alguno lo desprecie deberá ponerse violento, mas cuando vea que el otro es el despreciado, mostrará la mansedumbre con el pecador, pero se indignará entonces con el mal cometido» (Regulae morales 50).

Hay que evitar la ruptura, que conlleva el riesgo de la pérdida definitiva de algunos miembros de la Iglesia. «Si un hombre se extravía de la correcta fe, ¡cuánta diligencia, cuánta perseverancia y paciencia no necesita el pastor de las almas! Porque no se trata aquí de arrastrar por la fuerza ni de obligarle por el temor, sino de atraerle por la persuasión nuevamente a la verdad, de la que en hora mala se apartara. Alma ciertamente generosa se requiere para no desalentarse, para no desesperar de la salvación de los extraviados, para tener siempre delante y repetirse aquello del Apóstol: por si Dios les da un arrepentimiento que les lleve a reconocer la verdad y escapen de los lazos del diablo» (S. Juan Crisóstomo, De sacerdotio 2,4).

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