COMENTARIO

 Tt 1,5-9 

Como en 1 Tm 3,2-7, se exhorta a que los ministros sean modelo de santidad para sus fieles. Cuando se escribieron las Cartas Pastorales aún no se habían fijado definitivamente los nombres y los cometidos de los diversos órdenes sagrados en la jerarquía de la Iglesia (cfr nota a 1 Tm 3,1-7). Aquí parece que se designa como «presbíteros» (presby´teroi) (v. 5) y «obispos» (epískopoi) (v. 7) a las mismas personas. En el primer caso se subraya más la experiencia venerable que han de tener (presby´teros significa «anciano») y en el otro la función de supervisión (epískopos significa «vigilante») que les corresponde desempeñar al cuidado de los fieles. Se trata en cualquier caso de los que presiden cada comunidad cristiana.

No se pretende hacer una enumeración exhaustiva de virtudes que deben tener. Con todo hay un cierto énfasis en cuatro aspectos: conducta irreprensible (vv. 6-7), familia fiel y ejemplar (v. 6), carácter recto y acogedor (vv. 7-8), y sólida formación doctrinal (v. 9). Son cualidades por las que la Iglesia vela. Los pastores deben «estar llenos de toda clase de bienes espirituales y dar a todos un testimonio vivo de Dios» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 41).

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