COMENTARIO

 Hb 3,1-6 

Partiendo de la fidelidad a su misión que demostraron Moisés y, de modo eminente, Jesucristo, el autor sagrado fundamenta la superioridad de Cristo mediante la imagen de la casa, considerada unas veces como edificio, otras como familia: el arquitecto es superior al edificio y el hijo al administrador. Sobre Él se apoya nuestra esperanza (v. 6).

Los títulos de «Apóstol» y «Sumo Sacerdote» (v. 1) explican la misión del Hijo en el mundo: Jesús es el mensajero o enviado de Dios a los hombres y representante de los hombres ante Dios (cfr Ml 2,7). A Cristo, escribe San Justino, «se le llama mensajero y Apóstol porque Él anuncia lo que hay que conocer y es enviado para manifestarnos cuanto el Padre nos comunica. El mismo Señor así lo dio a entender cuando dijo: “el que me oye, oye a Aquél que me ha enviado”» (Apologia 1,63,5). La vocación cristiana, que aquí es llamada «vocación celestial» (v. 1) porque viene del Cielo y tiende al Cielo, es una llamada personal de Dios al seguimiento de Jesús en la Iglesia.

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