1Hb1En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. 2En estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien instituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo. 3Él, que es resplandor de su gloria e impronta de su sustancia y que sustenta todas las cosas con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó en los cielos a la diestra de la Majestad, 4y ha sido hecho tanto más excelente que los ángeles cuanto más les aventaja por el nombre que ha heredado.
5Pues ¿a qué ángel le dijo alguna vez:
Tú eres mi hijo;
yo te he engendrado hoy?
¿O también:
Yo seré para él Padre
y para mí él será Hijo?
6Y de nuevo al introducir a su Primogénito en el mundo dice:
Que lo adoren todos los ángeles de Dios.
7Y de los ángeles afirma:
Él hace a sus ángeles vientos
y a sus ministros llama de fuego.
8Pero del Hijo dice:
Tu Trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos,
y cetro de rectitud es el cetro de tu Reino.
9Has amado la justicia y odiado la iniquidad;
por eso te ungió Dios, tu Dios, con óleo de gozo,
con preferencia sobre los que tienen parte contigo.
10Y también:
Tú al principio, oh Señor, pusiste los cimientos
de la tierra,
y los cielos son obra de tus manos.
11Ellos perecerán, pero Tú permaneces;
todos envejecerán como un vestido;
12los doblarás como un manto, como un velo,
y serán transformados.
Pero Tú eres el mismo
y tus años no terminarán.
13¿A qué ángel ha dicho alguna vez:
Siéntate a mi diestra,
hasta que ponga a tus enemigos
como escabel de tus pies?
14¿Acaso no son todos ellos espíritus destinados al servicio, enviados para asistir a los que tienen que heredar la salvación?
2Hb1Es preciso, por tanto, que tengamos muy presente cuanto hemos oído, no vaya a ser que nos desviemos del camino. 2Porque si la palabra anunciada por medio de ángeles alcanzó tal fuerza que toda transgresión y desobediencia recibió justa pena, 3¿cómo escaparemos nosotros del castigo, si descuidamos tan gran salvación? Ésta, que se inició con el anuncio del Señor, nos fue confirmada por quienes la habían oído, 4y también nos fue garantizada por Dios con señales y prodigios, con diversos milagros y dones del Espíritu Santo, distribuidos según su voluntad.
5Porque Dios no sometió a los ángeles el mundo futuro del que hablamos. 6Por eso, se afirmó en cierto lugar de este modo:
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
o el hijo del hombre para que te ocupes de él?
7Lo has hecho sólo un poco inferior a los ángeles
y lo has coronado de gloria y honor.
8Todo lo has sometido bajo sus pies.
Al someter todo al hombre no dejó nada sin someterle. Sin embargo, ahora no vemos que todo le esté ya sometido. 9En cambio, a aquel que fue hecho por un momento inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos coronado de gloria y honor a causa de la muerte padecida. De modo que, por gracia de Dios, experimentó la muerte en beneficio de todos.
10Porque convenía que Aquel para quien y por quien son todas las cosas, habiéndose propuesto llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase mediante los sufrimientos al que iba a llevarlos a la salvación. 11Porque quien santifica y quienes son santificados vienen todos de uno solo; por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12y dice:
Anunciaré tu nombre a mis hermanos
y en medio de la iglesia te alabaré.
13Dice también:
Yo pondré en él mi confianza.
Y de nuevo:
Aquí estamos, yo y los hijos que Dios me dio.
14Porque así como los hijos comparten la sangre y la carne, también él participó de ellas, para destruir con la muerte al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, 15y liberar así a todos los que con el miedo a la muerte estaban toda su vida sujetos a esclavitud. 16Porque es seguro que él no asumió a los ángeles sino al linaje de Abrahán. 17Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, a fin de ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en las cosas que se refieren a Dios, para expiar los pecados del pueblo. 18Por haber sido puesto a prueba en los padecimientos, es capaz de ayudar a los que también son sometidos a prueba.
3Hb1Por tanto, hermanos santos que son partícipes de una vocación celestial, fijen su atención en Jesús, Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que confesamos, 2que es fiel al que lo constituyó, como lo fue también Moisés en toda su casa; 3aunque Él ha sido juzgado digno de mayor gloria que Moisés, ya que el constructor tiene mayor dignidad que la casa. 4Porque toda casa es construida por alguien, pero Dios construyó el universo. 5Moisés fue ciertamente fiel en toda su casa como sirviente, para dar testimonio de las cosas que debían anunciarse, 6pero Cristo lo fue como Hijo al frente de su casa: casa que somos nosotros, si mantenemos la confianza y el orgullo gozoso de la esperanza.
7Por eso, como dice el Espíritu Santo:
Si hoy escuchan su voz,
8no endurezcan sus corazones
como sucedió en la rebelión,
el día de la tentación en el desierto,
9cuando sus padres me tentaron
y me sometieron a prueba,
aunque habían visto mis obras
10durante cuarenta años.
Por eso me indigné contra esta generación
y dije: «Están siempre extraviados en su corazón
y no han conocido mis caminos».
11Por eso juré en mi ira:
«¡No entrarán en mi descanso!».
12Vigilen, hermanos, para que ninguno de ustedes tenga un corazón malvado y sin fe que le haga apostatar del Dios vivo; 13al contrario, exhórtense mutuamente todos los días, mientras perdura aquel hoy, para que nadie se endurezca por la seducción del pecado. 14Pues hemos sido hechos partícipes de Cristo a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio. 15Cuando se dice:
Si hoy escuchan su voz,
no endurezcan sus corazones
16¿quiénes son los que, habiéndole oído, sin embargo se rebelaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto gracias a Moisés? 17¿Y contra quiénes se indignó durante cuarenta años? ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos cadáveres cayeron en el desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su descanso, sino a los incrédulos? 19Vemos así que no pudieron entrar a causa de la incredulidad.
4Hb1Puesto que la promesa de entrar en su descanso permanece en vigor, tengamos cuidado: no vaya a ser que alguno de ustedes piense que queda excluido. 2Porque a nosotros se nos ha anunciado el Evangelio igual que a ellos; pero a ellos de nada les aprovechó la palabra que oyeron, porque no estaban unidos mediante la fe a los que la habían escuchado. 3Porque los que hemos creído hemos entrado en el descanso, según está dicho:
Por eso juré en mi ira:
«¡No entrarán en mi descanso!»,
aunque las obras divinas estaban ya hechas desde la creación del mundo. 4Porque en un lugar se dice sobre el día séptimo:
Y descansó Dios el día séptimo de todas sus obras.
5Y en este lugar repite:
6Dado, por tanto, que algunos habrán de entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia, 7vuelve a fijar un día, hoy, cuando afirma por David al cabo de tanto tiempo, como ya se ha dicho:
Si hoy escuchan su voz,
no endurezcan sus corazones.
8Porque si Josué les hubiera proporcionado el descanso, Él no habría hablado después sobre otro día. 9Queda por tanto reservado un tiempo de descanso para el pueblo de Dios. 10Porque quien entra en el descanso de Dios, descansa también él de sus trabajos, lo mismo que Dios de sus obras. 11Apresurémonos a entrar en ese descanso, a fin de que ninguno caiga en la misma clase de desobediencia.
12Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón. 13No hay ante ella criatura invisible, sino que todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuenta.
14Ya que tenemos un Sumo Sacerdote que ha entrado en los cielos —Jesús, el Hijo de Dios—, mantengamos firme nuestra confesión de fe. 15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado. 16Por lo tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno.
5Hb1Porque todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; 2y puede compadecerse de los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está rodeado de debilidad, 3y a causa de ella debe ofrecer expiación por los pecados, tanto por los del pueblo como por los suyos. 4Y nadie se atribuye este honor, sino el que es llamado por Dios, como Aarón.
5De igual modo, Cristo no se apropió la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que se la otorgó el que le dijo:
Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.
6Asimismo, en otro lugar, dice también:
Tú eres sacerdote para siempre,
según el orden de Melquisedec.
7Él, en los días de su vida en la tierra, ofreció con gran clamor y lágrimas oraciones y súplicas al que podía salvarle de la muerte, y fue escuchado por su piedad filial, 8y, aun siendo Hijo, aprendió por los padecimientos la obediencia. 9Y, llegado a la perfección, se ha hecho causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10ya que fue proclamado por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
11Acerca de esto tenemos muchas cosas que decir, aunque de difícil explicación, puesto que se han vuelto torpes de oído. 12En efecto, ustedes, que por los años deberían ser maestros, necesitan que se les enseñen de nuevo algunos de los primeros rudimentos de la palabra de Dios, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. 13Pues todo el que se alimenta de leche no conoce bien la doctrina de la justicia, porque es como un niño. 14En cambio, el alimento sólido es propio de los perfectos, de los que poseen sus facultades bien desarrolladas para discernir el bien y el mal.
6Hb1Por lo tanto, dejando ya la doctrina elemental sobre Cristo, avancemos hacia lo más perfecto, sin poner de nuevo los cimientos de la conversión de las obras muertas y de la fe en Dios, 2de la instrucción sobre las purificaciones, la imposición de las manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. 3Lo conseguiremos con la ayuda de Dios.
4Porque es imposible que quienes una vez fueron iluminados, y gustaron también el don celestial, 5y llegaron a recibir el Espíritu Santo, y saborearon la palabra divina y la manifestación de la fuerza del mundo venidero, 6y no obstante cayeron, vuelvan de nuevo a la conversión, ya que, para su propio daño, crucifican de nuevo al Hijo de Dios y lo escarnecen. 7Porque la tierra que bebe la lluvia caída repetidamente sobre ella y que produce buenas plantas a los que las cultivan, recibe las bendiciones de Dios; 8pero la que hace germinar espinas y abrojos es despreciable, está próxima a la maldición, y su final es el fuego.
9Pero aunque hablemos de esta manera, esperamos firmemente de ustedes, queridísimos, lo mejor y lo más provechoso para la salvación. 10Pues Dios no es injusto como para olvidarse de sus obras ni del amor que han manifestado a su nombre, ya que han servido a los santos y continúan haciéndolo. 11Deseamos vivamente que cada uno de ustedes manifieste hasta el fin el mismo empeño por alcanzar la perfección de la esperanza, 12de modo que no se vuelvan perezosos, sino que imiten a los que heredan las promesas mediante la fe y la paciencia.
13Por eso Dios, cuando hizo su promesa a Abrahán, como no tenía a nadie superior a Él por quien jurar, juró por sí mismo 14diciendo: Ciertamente te llenaré de bendiciones y te multiplicaré sin medida. 15Y de este modo, esperando con paciencia, alcanzó la promesa. 16Pues los hombres juran por algo superior, y el juramento es para ellos la garantía que pone fin a todo litigio. 17Y por esto Dios, al querer demostrar con mayor claridad a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su decisión, la reafirmó con un juramento; 18para que, gracias a dos cosas inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta, los que buscamos refugio en la posesión de la esperanza que nos es ofrecida, tengamos un poderoso consuelo, 19que es para nosotros como ancla segura y firme de nuestra vida y que entra hasta el interior, más allá del velo, 20donde como precursor nuestro entró Jesús, constituido para siempre Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
7Hb1Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abrahán que volvía de la victoria sobre los reyes y le bendijo; 2y Abrahán le dio el diezmo de todo. Su nombre significa, en primer lugar, rey de justicia, y además, rey de Salem, es decir, rey de paz. 3Al no tener ni padre, ni madre, ni genealogía, ni comienzo de días ni fin de vida, es hecho semejante al Hijo de Dios, y permanece sacerdote para siempre.
4Miren cuál es su grandeza, que hasta el patriarca Abrahán le dio la décima parte de lo mejor del botín. 5Pues, según manda la Ley, los que, entre los hijos de Leví, reciben el oficio sacerdotal tienen orden de cobrar los diezmos al pueblo, es decir, a sus hermanos, aunque también éstos desciendan de la estirpe de Abrahán. 6Pero aquél, que no pertenece a su genealogía, recibió los diezmos de Abrahán y bendijo al que poseía las promesas: 7no hay ninguna duda de que el inferior recibe la bendición del superior. 8Y mientras aquí son unos hombres mortales los que reciben los diezmos, allí es uno de quien se atestigua que vive. 9Y, por decirlo así, también Leví, que recibe los diezmos, los pagó entonces a través de Abrahán, 10porque estaba ya en las entrañas de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11Por tanto, si la perfección se realizara por medio del sacerdocio levítico, ya que bajo él fue dada la Ley al pueblo, ¿qué necesidad habría aún de que surgiera otro sacerdote según el orden de Melquisedec y que no se denominara según el orden de Aarón? 12Porque si cambia el sacerdocio, es necesario que tenga también lugar un cambio de la Ley. 13Y aquél, del que se dicen estas cosas, pertenecía a otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar, 14porque es bien sabido que nuestro Señor descendía de Judá, y de aquella tribu Moisés no dijo nada relativo al sacerdocio. 15Y todo esto es aún más evidente si surge otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, 16que ha sido constituido no según las normas de una ley carnal sino según la fuerza de una vida indestructible. 17Porque se afirma:
Tú eres sacerdote para siempre
según el orden de Melquisedec.
18Se deroga, por tanto, el precepto anterior por su debilidad e inutilidad. 19Porque la Ley no llevó nada a la perfección: es la introducción a una esperanza mejor por la cual nos acercamos a Dios.
20Y por el hecho de que fue por un juramento —porque mientras aquéllos eran constituidos sacerdotes sin juramento, 21éste, en cambio, lo ha sido con el juramento de aquel que le dijo:
Juró el Señor,
y no se arrepentirá,
Tú eres sacerdote para siempre—,
22por eso mismo, Jesús ha sido hecho mediador de una alianza más perfecta. 23Y si aquéllos eran constituidos sacerdotes en gran número, porque la muerte les impedía permanecer, 24éste, al contrario, como vive para siempre, posee un sacerdocio perpetuo. 25Por eso puede también salvar perfectamente a los que se acercan a Dios a través de él, ya que vive siempre para interceder por nosotros.
26Nos convenía, en efecto, que el Sumo Sacerdote fuera santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y encumbrado por encima de los cielos; 27que no tiene necesidad de ofrecer todos los días, como aquellos sumos sacerdotes, primero unas víctimas por sus propios pecados y luego por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre cuando se ofreció él mismo. 28Pues la Ley constituye sumos sacerdotes a unos hombres con debilidades, mientras que la palabra del juramento, que sucede a la Ley, hace al Hijo perfecto para siempre.
8Hb1Lo más importante de todo lo dicho es esto: tenemos un Sumo Sacerdote tan grande, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, 2ministro del Santuario y del Tabernáculo verdadero que erigió el Señor, y no un hombre. 3Porque todo sumo sacerdote está constituido para ofrecer dones y sacrificios, y, por tanto, es necesario que también él tenga algo que ofrecer. 4Si estuviera en la tierra, no sería siquiera sacerdote, porque ya hay quienes ofrecen dones según la Ley. 5Éstos dan un culto que es sólo figura y sombra del celestial, conforme a lo que le fue revelado a Moisés cuando se disponía a construir el Tabernáculo. Pues dice: Mira, lo harás todo según el modelo que te ha sido mostrado en el monte. 6Pero ahora él ha obtenido un oficio mucho más excelente, ya que es mediador de una alianza mucho más valiosa, por haber sido fundada sobre promesas mejores.
7En efecto, si aquella primera hubiera sido sin tacha, no haría falta poner en su lugar una segunda, 8pues les dice en tono de reproche:
Miren, vendrán días, dice el Señor,
cuando establezca con la casa de Israel
y con la casa de Judá una alianza nueva;
9no como la alianza que hice con sus padres
el día en que los tomé de la mano
para sacarlos de la tierra de Egipto.
Pero como no permanecieron fieles a mi alianza,
tampoco yo me acordaré de ellos, dice el Señor.
10Ésta es la alianza que estableceré
con la casa de Israel
después de aquellos días, dice el Señor.
Pondré mis leyes en su inteligencia,
y las grabaré en sus corazones;
y yo seré su Dios,
y ellos serán mi pueblo.
11Y no tendrá que enseñar ya cada uno a su prójimo,
ni a su hermano, ni dirá: «¡Conoce al Señor!»,
porque todos ellos me conocerán,
desde el más pequeño hasta el mayor;
12pues tendré misericordia de sus iniquidades
y de sus pecados ya no me acordaré.
13Al decir nueva declaró anticuada la anterior; y lo que se hace anticuado y envejece está a punto de desaparecer.
9Hb1También la primera alianza tenía normas para el culto y un santuario terrenal, 2porque se había construido un Tabernáculo con una primera estancia llamada «El Santo», donde se encontraban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. 3Detrás del segundo velo estaba la segunda estancia, llamada «El Santo de los Santos», 4que contenía el altar de oro para el incienso y el arca de la alianza totalmente recubierta de oro, en la que estaban la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que había retoñado y las tablas de la alianza. 5Y encima del arca, los querubines de la gloria cubrían con su sombra el propiciatorio. Pero no hace falta hablar detalladamente de todo esto.
6Dispuestas las cosas de este modo, los sacerdotes que ofician el culto entran siempre en la primera estancia. 7Pero en la segunda entra sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin antes derramar sangre, que ofrece por él mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo. 8El Espíritu Santo manifestaba de ese modo que, mientras permanece el primer Tabernáculo, todavía no está abierto el camino hacia el Santuario. 9Todo ello es una alegoría del tiempo presente, según la cual se ofrecen sacrificios y víctimas que no pueden perfeccionar al oferente en su conciencia, 10y que consisten sólo en alimentos, bebidas y diferentes abluciones; prescripciones corporales, que han sido impuestas hasta el momento de la restauración.
11Pero Cristo, al presentarse como Sumo Sacerdote de los bienes futuros a través de un Tabernáculo más excelente y perfecto —no hecho por mano de hombre, es decir, no de este mundo creado— 12y a través de su propia sangre —no de la sangre de machos cabríos y becerros—, entró de una vez para siempre en el Santuario y consiguió así una redención eterna. 13Porque si la sangre de machos cabríos y toros y la aspersión de la ceniza de una vaca pueden santificar a los impuros para la purificación de la carne, 14¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada a Dios, limpiará de las obras muertas nuestra conciencia para dar culto al Dios vivo!
15Y por esto es mediador de una nueva alianza, de modo que, al haber muerto para redimir las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida. 16Porque donde hay testamento, hace falta que conste la muerte del testador, 17porque un testamento es válido en caso de muerte, y no puede serlo de ninguna manera mientras el testador vive. 18Por eso, ni siquiera la primera alianza se inauguró sin derramar sangre. 19Pues Moisés, después de haber leído todos los mandamientos según la Ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata y una planta de hisopo, y roció el libro de la Ley y a todo el pueblo 20diciendo: Ésta es la sangre de la alianza que Dios ha dispuesto para ustedes. 21Y del mismo modo roció con sangre el Tabernáculo y todos los objetos del culto. 22Y según la Ley, casi todo se purifica con la sangre, y sin derramamiento de sangre no hay remisión.
23Es necesario, por lo tanto, que las figuras de las realidades celestiales se purifiquen con esas cosas, aunque las realidades celestiales exigen víctimas muy superiores. 24Porque Cristo no entró en un santuario hecho por mano de hombre —representación del verdadero—, sino en el mismo cielo, para interceder ahora ante Dios en favor nuestro. 25No para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como el sumo sacerdote que entra en el santuario todos los años con sangre ajena: 26porque entonces hubiera debido padecer muchas veces desde la creación del mundo, y, en cambio, se ha manifestado ahora de una vez para siempre, en la plenitud de los tiempos, para destruir el pecado mediante el sacrificio de sí mismo. 27Y así como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y que después haya un juicio, 28así también Cristo, que se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos, por segunda vez, sin relación ya con el pecado, se manifestará a los que lo esperan para llevarlos a la salvación.
10Hb1Puesto que la Ley posee sólo una sombra de los bienes futuros y no la verdadera imagen de las cosas, no puede jamás, mediante los mismos sacrificios que no cesa de presentar todos los años, hacer perfectos a los que se acercan con ellos. 2Si no fuera así, los que rinden culto, al considerarse definitivamente purificados, por no tener ya conciencia alguna de pecado, ¿no dejarían de ofrecerlos? 3Por el contrario, con ellos se renueva cada año el recuerdo de los pecados, 4porque es imposible que la sangre de toros y machos cabríos borre los pecados.
5Por eso, al entrar en el mundo, dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste,
pero me preparaste un cuerpo;
6los holocaustos y sacrificios por el pecado
no te han agradado.
7Entonces dije:
«Aquí vengo, como está escrito de mí
al comienzo del libro,
para hacer, oh Dios, tu voluntad».
8Después de haber dicho antes: No quisiste ni te agradaron sacrificios y ofrendas ni holocaustos y víctimas expiatorias por el pecado —cosas que se ofrecen según la Ley—, 9añade luego: Aquí vengo para hacer tu voluntad. Deroga lo primero para instaurar lo segundo. 10Y por esa voluntad somos santificados de una vez para siempre, mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo.
11Mientras todo sacerdote se mantiene en pie día tras día para celebrar el culto y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar los pecados, 12él, en cambio, ofreció un solo sacrificio por los pecados y se sentó para siempre a la diestra de Dios, 13y sólo le queda esperar que sus enemigos le sean puestos como estrado de sus pies; 14porque con una sola oblación hizo perfectos para siempre a los que son santificados.
15Nos lo atestigua también el Espíritu Santo, porque después de haber dicho:
16Ésta es la alianza que estableceré con ellos
después de aquellos días, dice el Señor.
Pondré mis leyes en sus corazones
y las grabaré en sus inteligencias,
17añade:
Y de sus pecados y de sus iniquidades
ya no me acordaré.
18Ahora bien, donde hay remisión de pecados ya no hay ofrenda por ellos.
19Por tanto, hermanos, como tenemos la confianza de entrar en el Santuario por la sangre de Jesús 20—por el camino reciente y vivo que él nos abrió a través del velo, es decir, de su carne— 21y a un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, 22acerquémonos con un corazón sincero y una fe plena, después de purificar nuestros corazones de una mala conciencia y de lavar nuestro cuerpo con agua pura. 23Mantengamos firme la confesión de la esperanza, porque fiel es el que hizo la promesa, 24y estemos pendientes unos de otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras, 25sin abandonar nuestras propias reuniones, como acostumbran algunos, sino animándonos tanto más cuanto más cercano ven el día.
26Porque si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no nos queda ningún sacrificio por los pecados, 27sino la tremenda espera del juicio y el ardor del fuego que va a devorar a los rebeldes. 28Si alguien transgredía la Ley de Moisés, con el testimonio de dos o tres se le condenaba a muerte sin compasión. 29¿Qué castigo más grave piensan que merecerá el que haya pisoteado al Hijo de Dios y haya considerado impura la sangre de la alianza en la que fue santificado y haya ultrajado al Espíritu de la gracia?
30Pues conocemos bien al que dijo:
Mía es la venganza; yo daré lo merecido.
Y otra vez:
Juzgará el Señor a su pueblo.
31¡Es terrible caer en manos del Dios vivo!
32Acuérdense de los días primeros, cuando, recién iluminados, tuvieron que sostener una lucha grande y dolorosa: 33unas veces sometidos públicamente a calumnias y vejaciones, otras estrechamente unidos a los que así eran tratados, 34porque compartieron los sufrimientos de los encarcelados y recibieron con alegría el robo de sus bienes, sabiendo que poseen un patrimonio mejor y más duradero. 35No pierdan, por tanto, su confianza, que tiene una gran recompensa: 36porque necesitan paciencia para conseguir los bienes prometidos cumpliendo la voluntad de Dios.
37En efecto, todavía un poco de tiempo, muy poco,
y el que va a venir llegará y no tardará;
38pero mi justo vivirá de fe;
y si se volviera atrás,
mi alma no se complacerá en él.
39Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino de los que tienen fe para la salvación del alma.
11Hb1La fe es fundamento de las cosas que se esperan, prueba de las que no se ven. 2Por ella los antepasados han recibido un testimonio. 3Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que las cosas visibles llegaron a la existencia a partir de lo invisible.
4Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que el de Caín; por ella fue declarado justo al aceptar Dios sus ofrendas, y por la fe, aun después de muerto, todavía habla.
5Por la fe, Henoc fue arrebatado para que no viera la muerte, y no se le encontró, porque Dios se lo había llevado: antes de su tránsito recibió el testimonio de haber agradado a Dios. 6Sin fe, en efecto, es imposible agradarlo, porque el que se acerca a Dios debe creer que existe y que premia a quienes lo buscan.
7Por la fe, Noé, prevenido por Dios acerca de lo que aún no se veía, construyó con religioso temor un arca para la salvación de su familia, y por esta fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe.
8Por la fe, Abrahán obedeció al ser llamado para ir al lugar que iba a recibir en herencia, y salió sin saber adónde marchaba. 9Por la fe, peregrinó por la tierra prometida como en tierra extraña, y habitó en tiendas, igual que harían Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas; 10porque esperaba la ciudad fundada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11Por la fe, también Sara, que era estéril, recibió vigor para concebir, aun superada ya la edad oportuna, porque creyó que era digno de fe el que se lo había prometido. 12De modo que de uno solo, y ya decrépito, nacieron hijos tan numerosos como las estrellas del cielo e incontables como las arenas de las playas del mar.
13En la fe, murieron todos ellos, sin haber conseguido las promesas, sino viéndolas y saludándolas desde lejos, y reconociendo que eran peregrinos y forasteros en la tierra. 14Los que hablaban así manifestaban que iban en busca de una patria. 15Pues si hubieran añorado la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de volver a ella. 16Pero aspiraban a una patria mejor, es decir, a la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios suyo, porque les ha preparado una ciudad.
17Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac, y el que había recibido las promesas se dispuso a ofrecer a su único hijo 18de quien se le había dicho: En Isaac tendrás descendencia. 19Pensaba, en efecto, que Dios es poderoso incluso para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró y fue como un símbolo.
20Por la fe, Isaac dio la bendición de los bienes futuros a Jacob y Esaú. 21Por la fe, Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y lo adoró apoyado sobre el extremo de su bastón. 22Por la fe, José, a punto de morir, recordó el éxodo de los hijos de Israel y dio disposiciones sobre sus restos mortales.
23Por la fe, Moisés, recién nacido, fue ocultado durante tres meses por sus padres, porque vieron que el niño era hermoso, y no temieron el edicto del rey. 24Por la fe, Moisés, ya adulto, se negó a ser llamado hijo de la hija del Faraón, 25y prefirió verse maltratado con el pueblo de Dios que disfrutar el goce pasajero del pecado, 26estimando que el oprobio de Cristo era riqueza mayor que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. 27Por la fe, salió de Egipto sin temer la cólera del rey, y se mantuvo firme como quien ve al invisible. 28Por la fe, celebró la Pascua y la aspersión de la sangre, para que el exterminador no tocara a sus primogénitos. 29Por la fe, cruzaron el Mar Rojo como si fuera tierra seca, mientras que los egipcios que lo intentaron fueron tragados por las aguas.
30Por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó después de dar vueltas alrededor de ellos durante siete días.
31Por la fe, Rahab, la meretriz, no pereció con los incrédulos, por haber acogido en son de paz a los exploradores.
32¿Qué más diré? Me faltaría tiempo si tuviera que hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los Profetas, 33que por la fe sometieron reinos, ejercieron la justicia, alcanzaron las promesas, cerraron bocas de leones, 34apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, se curaron de sus enfermedades, fueron valientes en la guerra y abatieron ejércitos extranjeros. 35Hubo mujeres que recuperaron resucitados a sus muertos. Algunos fueron torturados, porque rehusaron la liberación para lograr una resurrección mejor. 36Otros soportaron escarnios y azotes, e incluso cadenas y cárcel. 37Fueron apedreados, aserrados, muertos a espada, anduvieron errantes cubiertos con pieles de oveja y de cabra, necesitados, atribulados y maltratados 38—¡el mundo no era digno de ellos!—, perdidos por desiertos y montes, por cuevas y cavernas de la tierra.
39Y aunque todos recibieron alabanza por su fe, no obtuvieron sin embargo la promesa. 40Dios había previsto algo mejor para nosotros, de forma que ellos no llegaran a la perfección sin nosotros.
12Hb1Por consiguiente, también nosotros, que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos, sacudámonos todo lastre y el pecado que nos asedia, y continuemos corriendo con perseverancia la carrera emprendida: 2fijos los ojos en Jesús, iniciador y consumador de la fe, que, despreciando la ignominia, soportó la cruz en lugar del gozo que se le proponía, y está sentado a la diestra del trono de Dios. 3Por eso, piensen atentamente en aquel que soportó tanta contradicción por parte de los pecadores, para que no desfallezcan ni decaiga su ánimo.
4No han resistido todavía hasta la sangre al combatir contra el pecado 5y han olvidado la exhortación dirigida a ustedes como a hijos:
Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor,
ni te desanimes cuando Él te reprenda;
6porque el Señor corrige al que ama
y azota a todo aquel que reconoce como hijo.
7Lo que sufren sirve para su corrección. Dios los trata como a hijos, ¿y qué hijo hay a quien su padre no corrija? 8Si se los privase de la corrección, que todos han recibido, serían bastardos y no hijos. 9A nuestros padres según la carne los teníamos como educadores y los respetábamos. ¿Y no estaremos sujetos con mayor razón al Padre de los espíritus para alcanzar la vida? 10Ellos nos educaban para un tiempo breve y nos castigaban según su parecer, pero Él lo hace con vistas a nuestro bien, para que participemos de su santidad. 11Toda corrección, al momento, no parece agradable sino penosa, pero luego produce fruto apacible de justicia en los que en ella se ejercitan. 12Por lo tanto, levanten las manos caídas y las rodillas debilitadas, 13y den pasos derechos con sus pies, para que los miembros cojos no se tuerzan, sino más bien se curen.
14Busquen la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie puede ver a Dios. 15Vigilen para que a nadie le falte la gracia de Dios, no sea que brote alguna raíz amarga y los perturbe y llegue a contagiar a muchos; 16para que no surja ningún fornicario o impío como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida. 17Saben bien que más tarde, cuando quiso heredar la bendición, a pesar de pedirla con lágrimas, fue rechazado y no logró cambiar la decisión.
18Ustedes no se han acercado a un fuego tangible y ardiente, a oscuridad, a tinieblas, a tempestad, 19a son de trompetas, y a ese clamor de palabras que cuantos lo oyeron suplicaron que no se les hablara más. 20Porque no podían soportar la orden de que si alguien tocara el monte, aunque fuera un animal, se lo apedrease. 21El espectáculo era tan sobrecogedor, que Moisés llegó a exclamar: Estoy aterrorizado y temblando.
22En cambio, ustedes se han acercado al Monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, a la asamblea gozosa 23y a la Iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos, al Dios Juez de todos, a los espíritus de los justos que han alcanzado la perfección, 24a Jesús mediador de la nueva alianza y a la sangre derramada, que habla mejor que la de Abel.
25Miren, no rechacen al que les habla, porque si aquellos que rechazaron al que pronunciaba oráculos en la tierra no escaparon al castigo, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de quien nos habla desde el cielo. 26Su voz sacudió entonces la tierra, pero ahora ha hecho esta promesa:
Una vez más haré temblar no sólo la tierra
sino también el cielo.
27Las palabras una vez más indican el cambio de las cosas inestables, pues son criaturas, para que permanezcan las estables. 28Por eso, nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, mantengamos la gracia y a través de ella ofrezcamos a Dios un culto que le sea grato, con reverencia y temor, 29porque nuestro Dios es fuego devorador.
13Hb1Mantengan el amor fraterno. 2No olviden la hospitalidad, gracias a la cual algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles. 3Acuérdense de los encarcelados, como si estuvieran en prisión con ellos, y de los que sufren, pues también ustedes viven en un cuerpo. 4Que todos honren el matrimonio y guarden inmaculado el lecho conyugal, porque Dios juzgará a fornicarios y adúlteros. 5Que su conducta esté libre de avaricia; conténtense con lo que tengan, porque Él ha dicho:
No te dejaré ni abandonaré,
6de modo que podamos decir confiadamente:
El Señor es mi auxilio y no temeré;
7Acuérdense de sus pastores, que les proclamaron la palabra de Dios, e imiten su fe, considerando el buen final de su conducta. 8Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y por los siglos. 9No se dejen llevar por doctrinas diversas y extrañas, porque lo bueno es fortalecer el corazón con la gracia y no con alimentos que no aprovecharon a quienes obraron conforme a ellos. 10Nosotros tenemos un altar del que no tienen derecho a comer los que ofician el culto del Tabernáculo. 11Porque los cuerpos de los animales, cuya sangre introduce el sumo sacerdote en el santuario para expiar el pecado, son quemados fuera del campamento. 12Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con su sangre, padeció fuera de la puerta. 13Salgamos, por tanto, hacia él, fuera del campamento, cargados con su oprobio; 14porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos en busca de la venidera. 15Ofrezcamos continuamente a Dios por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. 16No se olviden de hacer el bien y de compartir lo suyo, porque Dios se complace en esa clase de sacrificios.
17Obedezcan a sus pastores y sométanse a ellos —porque velan por sus almas como quienes han de rendir cuentas— para que hagan estas cosas con alegría y sin quejarse, pues esto no les convendría.
18Recen por nosotros, porque estamos convencidos de actuar con buena conciencia, pero queremos proceder en todo con rectitud. 19Les ruego encarecidamente que lo hagan, para que yo les sea devuelto cuanto antes.
20El Dios de la paz, que por la sangre de una alianza eterna resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, 21los disponga con todo bien para que cumplan su voluntad y obre en nosotros lo que es agradable en su presencia, por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
22Les ruego, hermanos, que acepten esta palabra de exhortación; con este propósito les escribo brevemente. 23Sepan que nuestro hermano Timoteo ha sido puesto en libertad y, si llega pronto, iré con él a verlos. 24Saluden a todos sus pastores y a todos los santos. Los saludan los de Italia. 25La gracia esté con todos ustedes.