COMENTARIO
Enlazando con 6,20 donde se menciona a Melquisedec, se retoma, tras la exhortación, el tema principal (cfr 5,1-10): la superioridad del sacerdocio de Cristo sobre el sacerdocio levítico. Ahora se demuestra argumentando desde la superioridad del sacerdocio de Melquisedec. El autor recurre a dos pasajes del Antiguo Testamento (Gn 14,17-20 y Sal 110) que presentan a ese rey misterioso sin genealogía ni límites temporales. En Sal 110 se dice de David que posee un sacerdocio eterno (v. 3). Es un sacerdocio eterno en cuanto que Dios, que es fiel a sus promesas, había prometió a David un trono firme para siempre (cfr 2 S 7,16), el de Jerusalén. A ese trono iba unida la dignidad sacerdotal pero según la dignidad —el orden— de Melquisedec, sacerdote no levítico —sin genealogía— que había bendecido al padre del pueblo, Abrahán (Gn 14,17-20). Así David recibe el sacerdocio no por la vía de la descendencia familiar, como los hijos de Aarón y de Leví, sino directamente de Dios. De esta manera Melquisedec se convierte en figura de Cristo en cuanto rey mesiánico e Hijo de Dios, revestido de un sacerdocio superior al levítico.