COMENTARIO
El autor ratifica la supremacía de Melquisedec sobre Abrahán según la ley del diezmo y la bendición. Melquisedec, «aquél que no pertenecía a la genealogía» de Abrahán (cfr v. 6), recibió los diezmos de éste (v. 9), y Abrahán fue bendecido por Melquisedec por ser «inferior» a él (v. 7). La conclusión es clara: como Melquisedec era superior a Abrahán —y, por tanto, a los levitas, sus descendientes— y el sacerdocio de Cristo pertenece al orden de Melquisedec (cfr 5,10), el sacerdocio de Cristo es superior al levítico.
A continuación (vv. 11-19) se insiste en que la superioridad del sacerdocio de Cristo es manifiesta en cuanto a la «perfección», es decir, a su eficacia (en el Antiguo Testamento la palabra griega empleada para designar la consagración sacerdotal era «hacer perfecto»: Ex 29,22; Lv 8,22; etc.). Como el sacerdocio según el orden de Leví no podía conseguir que la Ley mosaica, a la que servía, lograra el acceso de los hombres a Dios —la justificación—, fue necesario instituir un nuevo sacerdocio que no fuera según el orden de Aarón, es decir, que no fuera según la «ley carnal» —vinculado a la tribu de Leví— (vv. 12-16), sino «según la fuerza de una vida indestructible» (v. 16), es decir, por la gracia de la resurrección. La Ley tuvo como tarea la de anunciar una ley mejor —la de Cristo—, llena de esperanza, que abre las puertas a la vida eterna (v. 19).