COMENTARIO
El pasaje recoge un conjunto de enseñanzas morales, consecuencia lógica de lo anterior (cfr 12,28). El culto auténtico no se puede separar de la buena conducta (cfr 13,15-16). Permanecer fiel a Cristo significa ser fiel a su Persona y a su doctrina, a lo que Cristo enseñó.
El v. 2 alude a episodios de la vida de Abrahán y Sara (cfr Gn 17), Lot (cfr Gn 19), Manóaj (cfr Jc 13,3-22) o Tobías (cfr Tb 12,1-20), que pensando que acogían a simples viajeros hospedaron a ángeles.
Los vv. 3-4 son una exhortación a vivir la caridad y la castidad. El texto exhorta con firmeza a valorar y honrar el matrimonio. «Cuando la castidad conyugal está presente en el amor, la vida matrimonial es expresión de una conducta auténtica, marido y mujer se comprenden y se sienten unidos; cuando el bien divino de la sexualidad se pervierte, la intimidad se destroza, y el marido y la mujer no pueden ya mirarse noblemente a la cara» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 25).
Los vv. 5-6 enseñan a no poner el corazón en las riquezas ni a preocuparse desordenadamente de los bienes materiales. El autor sagrado recurre a unas palabras de Moisés (cfr Dt 31,6), ratificadas por el Sal 118,6, para recordar que es Dios mismo quien ha dicho al hombre que no le dejará ni le abandonará. «Si posees a Cristo serás rico y con El te bastará. El será tu proveedor y fiel procurador en todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres. Pon en Dios tu confianza y sea Él el objeto de tu veneración y de tu amor. Él responderá por ti y todo lo hará bien, como mejor convenga» (Tomás de Kempis, De imitatione Christi 2,1,2-3).