COMENTARIO

 2 P 1,1-2 

Esta carta, que tiene parecidos con la de San Judas, va encaminada a reafirmar la esperanza en la segunda venida del Señor. El cristiano debe desarrollar la fe que ha recibido y confiar en la enseñanza apostólica (1,3-21), guardándose de falsos maestros que, como no esperan esa segunda venida, se dan, e incitan a los demás, a una vida licenciosa que les acarreará el castigo divino (2,1-22). Por el contrario, la segunda venida del Señor, aunque parezca retrasarse, es algo seguro (3,1-16), que exige vigilancia (3,17-18).

El «conocimiento» de Dios y de Jesucristo (v. 2) se obtiene mediante la recta fe e implica un comportamiento coherente con ella (cfr 1,5-11). Se hace hincapié desde el principio en este punto porque el autor quiere hacer frente a enseñanzas falsas que enturbian la rectitud de la fe.

Éste es uno de los textos más explícitos del Nuevo Testamento sobre la divinidad de Jesucristo, a quien se le denomina «nuestro Dios y Salvador» (v. 1; cfr 1,11; 2,20; 3,2.18).

El saludo contiene los dos términos habituales «gracia y paz» (cfr 1 P 1,2) que resumen los bienes del cristiano.

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