COMENTARIO

 2 P 1,16-18 

La autoridad apostólica sobre la condición divina de Jesús no se basa en «fábulas ingeniosas» (v. 16), sino en los testigos oculares de la revelación de Dios en el Tabor. La Transfiguración de Jesucristo es garantía de la verdad de la Parusía o segunda venida de Cristo, que algunos negaban. Si entonces el Señor dejó entrever su divinidad momentáneamente, al final de los tiempos se manifestará en plenitud y para siempre.

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