COMENTARIO

 2 P 2,20-22 

Con dos proverbios populares (v. 22) —el primero, tomado de Pr 26,11; el otro, conocido en la tradición semítica y en la griega—, el autor sagrado ilustra la gravedad de la situación en que se encuentran quienes, después de haber conocido la doctrina salvífica de Jesucristo, vuelven a sus antiguos pecados. A los impíos, y a los seducidos por ellos, se aplica lo que había dicho el Señor de quien, tras librarse del demonio, vuelve a caer en su poder: «La situación final de aquel hombre resulta peor que la primera» (Mt 12,45). San Gregorio Magno comenta: «Quien llora el pecado cometido pero, no obstante, no lo deja, se hace reo de mayor culpa; porque menosprecia el perdón que llorando pudo impetrar, y se revuelca como en agua cenagosa, porque cuando, a pesar de sus lágrimas, impide la limpieza de su vida, ante los ojos de Dios hace que se manchen las mismas lágrimas» (Regula pastoralis 3,30).

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