COMENTARIO
A lo largo de la carta, «conocer a Dios» no significa un saber teórico sino estar unidos a Él por la fe y por el amor, viviendo la vida de la gracia.
La novedad del mandamiento no está en el precepto —ya se encuentra en el Antiguo Testamento (cfr Lv 19,18)—, sino en la medida que exige Jesús —«como yo os he amado» (Jn 13,34)— y en su universalidad: el amor a todos los hombres, amigos y enemigos, sin distinción de raza, ni de ideología, ni de posición social. «¿Cuál es la perfección del amor? Amar a los enemigos y amarlos para que se conviertan en hermanos» (S. Agustín, In Epistolam Ioannis ad Parthos 1,9). «El principal apostolado que los cristianos hemos de realizar en el mundo, el mejor testimonio de fe, es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de la auténtica caridad» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 226).