11 Jn1Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida 2—pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y les anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestado—, 3lo que hemos visto y oído, se los anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. 4Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

I. LA UNIÓN CON DIOS

Dios es luz

5Éste es el mensaje que le hemos oído y que les anunciamos: Dios es luz y no hay en Él tinieblas de ninguna clase.

Caminar en la luz y rechazar el pecado

6Si decimos que estamos en comunión con Él y sin embargo caminamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. 7En cambio, si caminamos en la luz, del mismo modo que Él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.

8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad. 10Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

21 Jn1Hijos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: Jesucristo, el Justo. 2Él es la víctima propiciatoria por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo.

Cumplir los Mandamientos

3En esto sabemos que lo hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. 4Quien dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y en ése no está la verdad. 5En cambio, quien guarda su palabra, en ése el amor de Dios ha alcanzado verdaderamente su perfección. En esto sabemos que estamos en Él. 6Quien dice que permanece en Dios, debe caminar como él caminó.

7Queridísimos: no les escribo un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, que tienen desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que han escuchado. 8Y, sin embargo, les escribo un mandamiento nuevo, que se verifica en él y en ustedes, porque las tinieblas van desapareciendo y brilla ya la luz verdadera. 9Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está todavía en las tinieblas. 10Quien ama a su hermano permanece en la luz y no corre peligro de tropezar. 11En cambio, quien aborrece a su hermano está en las tinieblas y camina por ellas, sin saber adónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

Confianza en los fieles

12Les escribo a ustedes, hijos, porque por su nombre se les han perdonado los pecados.

13Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que existe desde el principio.

Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al Maligno.

14Les he escrito a ustedes, niños, porque han conocido al Padre.

Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que existe desde el principio.

Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al Maligno.

Guardarse del mundo

15No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16Porque todo lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la arrogancia de los bienes terrenos— no procede del Padre, sino del mundo. 17Y el mundo es pasajero, y también sus concupiscencias; pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre.

Permanecer en la verdad, frente a los herejes

18Hijitos, es la última hora. Han oído que tiene que venir el Anticristo: pues bien, ya han aparecido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora. 19Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros. 20En cuanto a ustedes, tienen la unción del Santo; y todos están instruidos. 21No les escribo porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y saben que ninguna mentira proviene de la verdad. 22¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. 24Ustedes procuren que lo que han oído desde el principio permanezca en ustedes. Si permanece en ustedes lo que han oído desde el principio, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. 25Y ésta es la promesa que él nos hizo: la vida eterna.

26Les escribo esto a propósito de los que pretenden engañarlos. 27En cuanto a ustedes, la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Es más, tal como su unción —que es verdadera y no engaña— les enseña acerca de todas las cosas, permanezcan en él, del mismo modo que les enseñó.

28Y ahora, hijos, permanezcan en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y no quedemos avergonzados lejos de él, en su venida. 29Si saben que él es justo, sepan también que todo el que obra la justicia ha nacido de él.

II. LA FILIACIÓN DIVINA

Somos hijos de Dios

31 Jn1Miren qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. 2Queridísimos: ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.

El que ha nacido de Dios no peca

3Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica para ser como él, que es puro. 4Todo el que comete pecado comete una iniquidad, pues el pecado es iniquidad. 5Y saben que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado.

6Todo el que permanece en él no peca. En cambio, el que peca no lo ha visto ni lo ha conocido. 7Hijos: que nadie los engañe. El que obra la justicia es justo, como él es justo. 8El que comete pecado, es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo. 9Todo el que ha nacido de Dios no peca, porque el germen divino permanece en él; no puede pecar porque ha nacido de Dios.

10En esto se distinguen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

Práctica de la caridad fraterna

11Porque el mensaje que han escuchado desde el principio es éste: que nos amemos unos a otros. 12No como Caín, que, siendo del Maligno, mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. 13No se extrañen hermanos, si el mundo los aborrece. 14Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. 15Todo el que aborrece a su hermano es un homicida; y saben que ningún homicida tiene en sí la vida eterna.

16En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. Por eso también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. 17Si alguno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano padece necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor a Dios? 18Hijos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y de verdad.

19En esto conoceremos que somos de la verdad, y en su presencia tranquilizaremos nuestro corazón, 20aunque el corazón nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo. 21Queridísimos: si el corazón no nos acusa, tenemos plena confianza ante Dios 22y recibiremos de Él cuanto pidamos, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que es grato a sus ojos.

23Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, conforme al mandamiento que nos dio. 24El que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; y por esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

III. LA FE EN JESUCRISTO Y EL AMOR FRATERNO

Fe en Jesucristo, frente a los falsos profetas

41 Jn1Queridísimos: no crean a cualquier espíritu, sino averigüen si los espíritus son de Dios, porque han aparecido muchos falsos profetas en el mundo. 2En esto conocen el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios; 3y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios. Ése es el espíritu del Anticristo, de quien han oído que va a venir, y ya está en el mundo.

4Ustedes, hijos, son de Dios y los han vencido, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo. 5Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha. 6Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; el que no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Dios es Amor. La caridad fraterna, señal de los cristianos

7Queridísimos: amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios, y conoce a Dios. 8El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor. 9En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios: en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que recibiéramos por él la vida. 10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.

11Queridísimos: si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12A Dios nadie lo ha visto jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor alcanza en nosotros su perfección. 13En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros: en que nos ha hecho participar de su Espíritu.

14Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo. 15Si alguien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. 16Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

17En esto alcanza el amor su perfección en nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, porque tal como es él, así somos nosotros en este mundo. 18En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor.

19Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. 20Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. 21Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, que ame también a su hermano.

El que cree en Jesús vence al mundo

51 Jn1Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ése ha nacido de Dios; y todo el que ama a quien lo engendró, ama también a quien ha sido engendrado por Él. 2En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. 3Porque el amor de Dios consiste precisamente en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son costosos, 4porque todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. 5¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

El testimonio sobre el Hijo

6Éste es el que vino por el agua y por la sangre: Jesucristo. No solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y es el Espíritu quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. 7Pues son tres los que dan testimonio: 8el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres coinciden en lo mismo. 9Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios. En esto consiste el testimonio de Dios: en que ha dado testimonio de su Hijo. 10El que cree en el Hijo de Dios lleva en sí mismo el testimonio. El que no cree a Dios lo hace mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. 11Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado la vida eterna, y esta vida está en su Hijo. 12Quien tiene al Hijo de Dios tiene la vida; quien no tiene al Hijo tampoco tiene la vida.

IV. CONCLUSIÓN

13Les escribo estas cosas, a los que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

Pedir por los pecadores

14Ésta es la confianza que tenemos en Él: si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. 15Y puesto que sabemos que nos va a escuchar en todo lo que pidamos, sabemos que tenemos ya lo que le hemos pedido.

16Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no lleva a la muerte, que pida y le dará la vida. Esto para quienes cometen un pecado que no lleva a la muerte, pues hay un pecado que lleva a la muerte: de éste no hablo al decir que se ruegue. 17Toda injusticia es pecado, pero hay pecados que no llevan a la muerte.

La seguridad del cristiano, hijo de Dios

18Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Nacido de Dios lo guarda, y el Maligno no lo alcanza. 19Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo entero yace en poder del Maligno. 20Pero también sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado la inteligencia para que conozcamos al Verdadero; y nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna. 21Hijos, estén prevenidos contra los ídolos.