COMENTARIO
Estos versículos pueden entenderse como una exhortación dirigida a todos los cristianos, a cada uno según su situación. «Hijos» y «niños» podría referirse a los recién bautizados, mientras que «padres» y «jóvenes» haría referencia a quienes ya han recorrido diversas etapas en su fe; bien porque son capaces de engendrar a otros en esa misma fe, bien porque luchan y, con la gracia, vencen las tentaciones del mundo: «Acordaos de que sois padres; si os olvidáis de Aquel que es desde el principio, habéis perdido la paternidad. También considerad una y otra vez que sois jóvenes: luchad por vencer; venced para ser coronados; sed humildes para no sucumbir en la lucha» (S. Agustín, In Epistolam Ioannis ad Parthos 2,7).
Comentando la frase: «¡Habéis vencido al Maligno!» (v. 13), San Juan Pablo II enseña: «Conviene remontarse constantemente a las raíces del mal y del pecado en la historia de la humanidad y del universo, como Cristo se remontó a estas mismas raíces en su misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección. No hay que tener miedo de llamar por su nombre al primer artífice del mal: al Maligno» (Carta a los jóvenes, n. 15).