COMENTARIO

 1 Jn 3,1-2 

La filiación divina es una realidad espléndida por la que Dios da gratuitamente a los bautizados una dignidad estrictamente sobrenatural, que nos introduce en la intimidad divina y nos hace domestici Dei, familiares de Dios (cfr Ef 2,19). «Ésa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 133).

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