COMENTARIO

 1 Jn 3,3-10 

Llegar a ver a Dios (cfr 3,2) es la esperanza que sostiene y anima al cristiano en el camino hacia la santidad, y que le lleva a luchar contra el pecado. «El pecado es iniquidad» (v. 4). «Esta expresión —explica San Juan Pablo II—, en la que resuena el eco de lo que escribe San Pablo sobre el misterio de la iniquidad (cfr 2 Ts 2,7), se orienta a hacernos percibir lo que de oscuro e inaprensible se oculta en el pecado. Éste es, sin duda, obra de la libertad del hombre; mas dentro de su mismo peso humano obran factores por razón de los cuales el pecado se sitúa más allá de lo humano, en aquella zona límite donde la conciencia, la voluntad y la sensibilidad del hombre están en contacto con las oscuras fuerzas que, según San Pablo, obran en el mundo hasta enseñorearse de él (cfr Rm 7,7-25; Ef 2,2; 6,12)» (Reconciliatio et paenitentia, n. 14).

Frente a los herejes que aducían un conocimiento especial de Dios (gnosis), que les situaba por encima del bien y del mal, de manera que el pecado les resultaba indiferente, San Juan se hace eco de las palabras del Señor: «Por el fruto se conoce el árbol» (Mt 12,33). Los criterios de discernimiento son: la práctica de la justicia, esto es, la lucha por la santidad y contra el pecado, y la práctica del amor fraterno (v. 10). La expresión «hijos del diablo» no está utilizada en sentido estricto, sino según un modo de hablar semita muy frecuente, por el que significa «partidarios del diablo».

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