COMENTARIO

 1 Jn 4,1-6 

Creer en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana. «Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico). Desde la época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, “venido en la carne”» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 465).

La victoria sobre el pecado lleva a la humildad: «No te ensoberbezcas, mira quién ha vencido en ti. ¿Por qué venciste? Porque más poderoso es el que está en vosotros que el que está en el mundo. Sé humilde; lleva a tu Señor; sé un borriquillo de tu jinete. Te conviene que Él te guíe, que Él te conduzca; porque si no lo tienes a Él por jinete, te dará por alzar la cabeza, por lanzar coces: ¡pero ay de ti sin guía! Esa libertad te llevaría a ser pasto de las fieras» (S. Agustín, In Epistolam Ioannis ad Parthos 7,2).

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