COMENTARIO
Parece que algunos gnósticos afirmaban que Jesús de Nazaret se había convertido en Hijo de Dios por el Bautismo y había dejado de serlo antes de la pasión. San Juan sale al paso de estos errores y con la alusión —con los términos agua y sangre— al Bautismo y a la muerte de Jesucristo en la cruz afirma que tales hechos son inseparables del testimonio del Espíritu, y negarlos sería hacer mentiroso a Dios (cfr v. 10).
Los Santos Padres, que han entendido las palabras del v. 8 como referidas a los sacramentos, suelen comentar cómo en ellos se hace presente internamente, y se manifiesta externamente, la gracia de Dios. En esa línea escribe San Beda: «El Espíritu Santo nos hace hijos adoptivos de Dios; el agua de la sagrada fuente nos lava; la sangre del Señor nos redime: el sacramento espiritual nos da doble testimonio, uno visible, otro invisible» (In 1 Epistolam Sancti Ioannis, ad loc.).