COMENTARIO
Antes de describir el toque de la séptima trompeta el autor sagrado intercala una visión tenida en la tierra. De esta forma aumenta la tensión y prepara al lector para enfrentarse a lo que sucederá cuando llegue el tercer «¡Ay!» y suene la séptima trompeta que anuncia los acontecimientos finales (cfr 11,14-15).
Aunque no se dice el nombre del ángel (v. 1), puede pensarse en Gabriel porque se llama «poderoso», en hebreo geber, y Gabriel, en hebreo gabri’el, significa «fuerza de Dios», o «varón de Dios» (cfr Dn 8,15), o «Dios se manifiesta fuerte». En cualquier caso, Gabriel es el nombre que se da al ángel encargado de explicar las profecías mesiánicas a Daniel, y de comunicar las noticias de parte de Dios a Zacarías (cfr Lc 1,19) y a la Santísima Virgen (cfr Lc 1,26). Realizó una función paralela al ángel que aparece en 8,3-5, que suele identificarse como San Miguel. Los rasgos impresionantes con que se le describe acentúan su naturaleza celestial y su poder.
El hombre no puede conocer la totalidad de los planes de Dios, proclamada en los siete truenos (v. 4), pero sí lo que Dios revela a Juan el vidente. El pequeño libro abierto que lleva el ángel es distinto del libro cerrado y con siete sellos de la visión de 5,2. Ahora es símbolo de la revelación divina a los profetas. Está abierto, lo que quiere decir que puede conocerse su contenido. Pero no se nos dice cuál es, señal de que lo que intenta el autor con esa imagen es resaltar su condición de profeta. En cambio sí se quiere señalar que sus profecías afectan a toda la creación: a la tierra y al mar (cfr v. 6). Es un libro semejante al rollo de la visión descrita por el profeta Ezequiel (cfr Ez 2,9-3,1), destinado a ser comido por el vidente (vv. 9-10). Significa que Dios habla mediante la Sagrada Escritura prometiendo bendición y castigo. El lector ha de tener por verdadero lo que lee en el libro.
Con un gesto y una fórmula solemne de juramento el ángel asegura que va a llegar el establecimiento definitivo del Reino de Dios, cuando ya no habrá más tiempo para este mundo de ahora (vv. 6-7). Pero no se indica ninguna fecha del momento en que sucederá: sólo se dice que será cuando el Misterio de Dios, su designio de salvación, llegue a su plenitud; cuando sea el tiempo de la siega (cfr Mt 13,24-30), porque tanto el bien como el mal —el trigo y la cizaña— se habrán manifestado plenamente (cfr 2 Ts 2,6ss.).