El pequeño libro dado a comer al vidente

10Ap1Y vi a otro ángel poderoso descender del cielo, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza. Su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. 2En la mano tenía un pequeño libro abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra 3y gritó con voz fuerte, como el rugido del león. Cuando gritó, los siete truenos hicieron oír sus propias voces.

4Al hablar los siete truenos, me disponía a escribir. Pero oí una voz del cielo que decía:

—Sella lo que han dicho los siete truenos, no lo escribas.

5Y el ángel que vi de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó la mano derecha hacia el cielo 6y juró por el que vive por los siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto hay en él:

—Ya no habrá más tiempo, 7sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo ángel, cuando empiece a tocar la trompeta, se consumará el misterio de Dios, tal y como se lo anunció a sus siervos, los profetas.

8Entonces la voz que había oído del cielo me habló de nuevo:

—Ve y toma el libro abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra.

9Me acerqué al ángel y le dije que me diera el pequeño libro. Él me contestó:

—Toma y devóralo, te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel.

10Tomé el pequeño libro de la mano del ángel y lo devoré. En mi boca fue dulce como la miel, pero cuando lo comí se me amargaron las entrañas. 11Entonces me dijeron:

—Es necesario que profetices de nuevo contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Muerte y exaltación de los dos testigos

11Ap1Y se me entregó una caña como una vara de medir, y se me dijo:

—Levántate y mide el templo de Dios, el altar y a los que adoran en él. 2Pero deja de lado el atrio exterior del templo y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. 3Yo haré que mis dos testigos profeticen, vestidos de saco, durante mil doscientos sesenta días. 4Ellos son los dos olivos y los dos candelabros que están en presencia del Señor de la tierra. 5Y si alguno quisiera hacerles daño, les saldrá fuego de la boca y devorará a sus enemigos; y si alguno quisiera hacerles daño, de la misma forma deberá morir. 6Ellos tienen el poder de cerrar el cielo para que no llueva durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para afligir la tierra con toda suerte de plagas, cuantas veces quieran. 7Cuando concluyan su testimonio, la bestia que surge del abismo entablará combate contra ellos, los derrotará y los matará. 8Sus cadáveres quedarán en la plaza de la gran ciudad, la que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto, donde también su Señor fue crucificado. 9Las gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres durante tres días y medio, y no permitirán colocar sus cadáveres en el sepulcro. 10Los habitantes de la tierra se alegrarán de ello, se regocijarán y se intercambiarán regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.

11Después de tres días y medio un soplo de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor sobrecogió a quienes los miraban. 12Entonces oyeron una voz fuerte desde el cielo que les decía:

—Suban aquí.

Y subieron al cielo en una nube y sus enemigos los vieron. 13En aquella hora se produjo un gran terremoto y la décima parte de la ciudad se derrumbó. Siete mil personas perecieron en el terremoto y los restantes se llenaron de temor y dieron gloria al Dios del cielo. 14El segundo ¡ay! ha pasado. Mira, enseguida llega al tercer ¡ay!

III. VICTORIA DE CRISTO SOBRE LOS PODERES DEL MAL Y GLORIFICACIÓN DE LA IGLESIA

El toque de la séptima trompeta

15Tocó la trompeta el séptimo ángel. Y resonaron fuertes voces en el cielo:

«El reinado en este mundo es ya de nuestro Señor

y de su Cristo,

que reinará por los siglos de los siglos».

16Entonces los veinticuatro ancianos, que se sientan en sus tronos en la presencia de Dios, se echaron rostro en tierra y adoraron a Dios, 17diciendo:

«Te damos gracias,

Señor Dios omnipotente,

el que es y el que era,

porque has ejercido tu inmenso poder

y has comenzado a reinar.

18Las naciones se habían encolerizado,

pero llegó tu ira

y el tiempo de ser juzgados los muertos,

y de dar la recompensa a tus siervos, los profetas,

a los santos

y a los que temen tu nombre,

pequeños y grandes,

y de exterminar a los que destruyen la tierra».

19Y se abrió el templo de Dios en el cielo y en el Templo apareció el arca de su alianza; y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, un terremoto y un fuerte granizo.

La mujer perseguida por la serpiente

12Ap1Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2Está encinta y grita al sufrir los dolores del parto y los tormentos de dar a luz. 3Apareció entonces otra señal en el cielo: un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. 4La cola arrastró una tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se puso delante de la mujer, que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. 5Y dio a luz un hijo varón, el que va a regir a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. 6Entonces la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios, para que allí la alimenten durante mil doscientos sesenta días.

7Y se entabló un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, 8pero no prevalecieron, ni hubo ya para ellos un lugar en el cielo. 9Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. 10Entonces oí en el cielo una fuerte voz que decía:

«Ahora ha llegado la salvación,

la fuerza, el Reino de nuestro Dios,

y el poderío de su Cristo,

porque ha sido arrojado el acusador

de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios

día y noche.

11Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y despreciaron su vida

hasta la muerte.

12Por eso, alégrense, cielos,

y cuantos en ellos habitan.

¡Ay de la tierra y del mar!,

porque ha descendido hasta ustedes el Diablo,

con gran ira,

al saber que le queda poco tiempo».

13Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón. 14Pero se le dieron a la mujer las dos alas del águila grande para que volara al desierto, a su lugar, donde es alimentada durante un tiempo, dos tiempos y medio tiempo, lejos de la serpiente. 15Entonces la serpiente arrojó de su boca como un río de agua tras la mujer, para arrastrarla con la corriente. 16Pero la tierra ayudó a la mujer: abrió la tierra su boca y absorbió el río que el dragón había echado de su boca. 17El dragón se enfureció contra la mujer y se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a aquellos que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. 18Y se detuvo sobre la arena del mar.

Las bestias que reciben poder de la serpiente

13Ap1Y vi una bestia que salía del mar: tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas y sobre sus cabezas nombres blasfemos. 2La bestia que vi se parecía a un leopardo, sus pies eran como los de un oso, y su boca como la boca de un león. El dragón le entregó su fuerza, su trono y gran poder. 3Una de sus cabezas estaba como herida de muerte, pero se curó su herida mortal, y toda la tierra, admirada, siguió a la bestia. 4Y adoraron al dragón porque había entregado el poder a la bestia. También adoraron a la bestia diciendo:

—¿Quién es como la bestia, y quién puede luchar contra ella?

5Se le dio una boca que profería palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio poder para actuar durante cuarenta y dos meses. 6Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para injuriar su nombre, su tabernáculo y a los que moran en el cielo. 7Se le permitió también hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio poder sobre toda tribu y pueblo, lengua y nación. 8Y lo adorarán todos los que habitan la tierra, aquellos cuyo nombre no está escrito, desde el origen del mundo, en el libro de la vida del Cordero inmolado.

9Si alguno tiene oídos, que oiga:

10Si alguno está destinado a la cautividad,

a la cautividad irá;

si alguno debe morir a espada,

es necesario que muera a espada.

Aquí están la paciencia y la fe de los santos.

La bestia de la tierra

11Y vi otra bestia que subía de la tierra. Tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. 12Ejerce en su presencia todo el poder de la primera bestia, y hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya herida de muerte fue curada. 13Realiza grandes prodigios, incluso hace descender fuego del cielo a la tierra a la vista de los hombres. 14Y seduce a los habitantes de la tierra con los prodigios que le ha sido concedido realizar en presencia de la bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía una herida de espada y ha sobrevivido. 15Se le concedió infundir aliento a la imagen de la bestia, de modo que la imagen de la bestia hable y haga que todos cuantos no adoren la imagen de la bestia mueran. 16Hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, reciban una marca en la mano derecha o en la frente, 17para que nadie pueda comprar o vender sino el que tenga la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre.

18¡Aquí está la sabiduría! El que tenga inteligencia que calcule el número de la bestia, pues es número de un hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis.

El Cordero y su séquito

14Ap1Entonces, en la visión, el Cordero estaba en pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre de él y el nombre de su Padre. 2Y oí una voz del cielo, semejante al ruido de muchas aguas y al estruendo de un gran trueno. La voz que oí era como el canto de citaristas que tañían sus cítaras, 3cantando un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres y de los ancianos. Y ninguno podía aprender el cántico más que aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, que fueron rescatados de la tierra. 4Éstos son los que no se mancillaron con mujeres, porque son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero dondequiera que vaya. Éstos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; 5y no se halló mentira en su boca: no tienen mancha.

Anuncio e imágenes del Juicio

6Y vi a otro ángel que volaba en lo alto del cielo, llevando un evangelio eterno para anunciarlo a los que habitan en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, 7y diciendo con voz fuerte:

—Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.

8Le siguió otro ángel, el segundo, diciendo:

—Cayó, cayó la gran Babilonia, aquella que dio de beber el vino del furor de su fornicación a todas las naciones.

9Les siguió otro ángel, el tercero, diciendo con voz fuerte:

—Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en la frente o en la mano, 10éste también beberá el vino de la ira de Dios, que está preparado, sin mezcla, en el cáliz de su ira, y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y delante del Cordero. 11El humo de su tormento se eleva por los siglos de los siglos, y no tienen descanso de día ni de noche los que han adorado a la bestia y a su imagen, y cualquiera que haya recibido la marca de su nombre.

12En esto consiste la paciencia de los santos: que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

13Y oí una voz del cielo que decía:

—Escribe: «Bienaventurados los muertos que desde ahora mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, porque sus obras los acompañan».

La siega y la vendimia

14Entonces, en la visión, apareció una nube blanca, y sobre la nube sentado uno semejante a un Hijo de hombre, con una corona de oro sobre la cabeza y una hoz afilada en la mano. 15Y otro ángel salió del templo, gritando con voz fuerte al que estaba sentado sobre la nube:

—¡Mete la hoz y siega, que ha llegado la hora de segar, porque está en sazón la mies de la tierra!

16El que estaba sentado sobre la nube acercó la hoz a la tierra y quedó segada la tierra.

17Otro ángel salió del templo que está en el cielo, llevando él también una hoz afilada. 18Y otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, salió del altar y clamó con voz fuerte al que tenía la hoz afilada:

—¡Mete la hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas están maduras!

19Acercó el ángel la hoz a la tierra, vendimió la viña de la tierra y la echó en el gran lagar de la ira de Dios. 20El lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, a lo largo de mil seiscientos estadios.

El cántico de los salvados

15Ap1Vi en el cielo otro signo grande y admirable: siete ángeles que tenían siete plagas, las últimas, porque en ellas culmina la ira de Dios. 2Vi también como un mar de cristal mezclado con fuego, y a los que vencieron a la bestia y a su imagen y al número de su nombre, que estaban de pie sobre el mar de cristal llevando las cítaras de Dios. 3Y cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero:

«¡Grandes y admirables son tus obras,

Señor, Dios omnipotente!

¡Justos y verdaderos tus caminos,

Rey de las naciones!

4¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque sólo Tú eres Santo,

porque todas las naciones vendrán

y se postrarán en tu presencia,

porque tus juicios se han manifestado».

Las siete copas con las siete plagas

5Y continuó la visión: se abrió en el cielo el templo de la tienda del testimonio 6y salieron del templo los siete ángeles con las siete plagas. Iban vestidos de lino puro y brillante, ceñidos con cinturones de oro a la altura del pecho. 7Entonces uno de los cuatro seres dio a los siete ángeles siete copas de oro llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos. 8Y el templo se llenó del humo de la gloria de Dios y de su fuerza. Nadie podía entrar en el templo hasta que se cumplieran las siete plagas de los siete ángeles.

16Ap1Oí una fuerte voz, procedente del templo, que decía a los siete ángeles:

—Vayan a verter sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.

2Marchó el primero, vertió sobre la tierra su copa, y sobrevino una llaga maligna y perniciosa a los hombres que tenían la marca de la bestia y a los que habían adorado su imagen.

3El segundo vertió su copa en el mar, que se convirtió en sangre como de muerto, y todos los seres vivos del mar murieron.

4El tercero vertió su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, que se convirtieron en sangre. 5Entonces oí al ángel de las aguas que decía:

«Justo eres Tú, el que es y el que era, el Santo,

porque has juzgado de esta forma,

6porque a los que derramaron la sangre

de los santos y profetas

les has dado a beber sangre.

Se lo merecen».

7Y oí al altar que decía:

«Sí, Señor Dios Todopoderoso,

verdaderos y justos son tus juicios».

8El cuarto vertió su copa sobre el sol y se le permitió abrasar a los hombres con fuego. 9Fueron abrasados los hombres con un gran ardor, y blasfemaron contra el nombre de Dios, que tiene la potestad sobre aquellas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

10El quinto vertió su copa sobre el trono de la bestia, y su reino quedó en tinieblas y se mordían las lenguas de dolor. 11Blasfemaron contra el Dios del cielo a causa de su dolor y de sus llagas, pero no se arrepintieron de sus obras.

12El sexto vertió su copa sobre el gran río Éufrates y se secaron sus aguas, de modo que quedó preparado el camino a los reyes del oriente. 13Entonces vi tres espíritus impuros como ranas que salían de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta. 14Son espíritus demoniacos que hacen prodigios y se dirigen a los reyes de todo el orbe, con el propósito de reunirlos para la batalla del gran día del Dios omnipotente.

15Miren que vengo como un ladrón. Bienaventurado el que esté vigilante y guarde sus vestidos, para no andar desnudo y que le vean sus vergüenzas.

16Y los reunió en el lugar que se llama en hebreo Harmagedón.

17El séptimo vertió su copa en el aire, y salió del templo, desde el trono, una voz que decía:

—¡Ya está hecho!

18Hubo relámpagos, estampidos de truenos, y se produjo un gran terremoto como nunca existió desde que hay hombres sobre la tierra: ¡tan grande fue el terremoto! 19La gran ciudad se partió en tres trozos, y las ciudades de las naciones se derrumbaron. La gran Babilonia fue recordada ante Dios para darle a beber la copa del vino del furor de su ira. 20Todas las islas desaparecieron y de los montes no se encontró rastro. 21Y un pedrisco con granizos como de un talento de peso cayó del cielo sobre los hombres, que prorrumpieron en blasfemias contra Dios por el azote del granizo: ¡era una plaga tremenda!

La gran ramera y la bestia

17Ap1Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas y me habló:

—Ven, te mostraré el castigo de la gran ramera, la que se sienta sobre muchas aguas. 2Con ella han fornicado los reyes de la tierra, y se han embriagado los habitantes de la tierra con el vino de su lujuria.

3Me condujo en espíritu al desierto, y vi a una mujer sentada sobre una bestia roja, llena de nombres blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos. 4La mujer estaba revestida de púrpura y escarlata, adornada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano un vaso de oro lleno de abominaciones y de las inmundicias de su fornicación, 5y escrito en la frente un nombre, un misterio: «La gran Babilonia, madre de las lascivias y abominaciones de la tierra». 6Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los mártires de Jesús. Al verla me llené de estupor.

7Y el ángel me dijo:

—¿De qué te extrañas? Yo te descubriré el misterio de la mujer y de la bestia en que cabalga, la que tiene siete cabezas y diez cuernos. 8La bestia que has visto existía pero ya no existe, y va a subir del abismo, pero irá a la perdición. Los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la creación del mundo, se sorprenderán al ver a la bestia, porque existía, pero ya no existe, y sin embargo, reaparecerá.

9»¡Aplique aquí la inteligencia quien tenga sabiduría! Las siete cabezas son siete colinas sobre las cuales la mujer está sentada, y también son siete reyes: 10cinco cayeron, uno subsiste, otro aún no ha llegado y cuando llegue debe permanecer un poco de tiempo. 11La bestia que existía, pero ya no existe, es el octavo, aunque también es uno de los siete, y va hacia la perdición. 12Los diez cuernos que has visto son diez reyes, que aún no han recibido el reino, pero recibirán, junto con la bestia, el poder real durante una hora. 13Éstos, de común acuerdo, entregan su fuerza y su poder a la bestia. 14Lucharán contra el Cordero; pero el Cordero, junto con sus llamados, elegidos y fieles seguidores, los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes.

15Y me dijo:

—Las aguas que has visto, donde la ramera se sienta, son pueblos y muchedumbres, naciones y lenguas. 16Los diez cuernos que has visto y la bestia aborrecerán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, se comerán sus carnes y la quemarán en el fuego. 17Porque Dios ha movido sus corazones para que ejecuten el designio divino y, de común acuerdo, entreguen el reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. 18La mujer que has visto es la gran ciudad que ostenta la soberanía sobre los reyes de la tierra.

Anuncio de la caída de Babilonia

18Ap1Después de esto vi a otro ángel que bajaba del cielo, con gran poder, y la tierra quedó iluminada con su claridad. 2Y gritó con fuerte voz:

—¡Cayó, cayó la gran Babilonia y se convirtió en morada de demonios, en guarida de todo espíritu impuro y en refugio de toda bestia inmunda y odiosa, 3porque todas las naciones bebieron del vino del furor de su lujuria, los reyes de la tierra han fornicado con ella, y con su desenfrenado lujo se han enriquecido los mercaderes de la tierra!

4Y oí otra voz del cielo que decía:

—Salgan de ella, pueblo mío, para que no sean cómplices de sus pecados ni participen de sus castigos. 5Porque sus pecados llegaron hasta el cielo y se acordó Dios de sus iniquidades. 6Devuelvan con arreglo a lo que ella dio; páguenle el doble de lo que merecen sus obras; y en la copa que les preparó, prepárenle el doble. 7Tanto como se jactó y se entregó a los placeres, denle eso mismo en tormento y llanto, porque dice en su corazón: «Estoy sentada como una reina, no soy viuda y jamás veré el llanto». 8Por eso en un solo día llegarán sus plagas, la muerte, el llanto y el hambre, y será quemada con fuego, porque poderoso es el Señor Dios que la ha juzgado. 9Entonces los reyes de la tierra que fornicaron y se entregaron a los placeres con ella, cuando vean el humo de su incendio, llorarán y se lamentarán por ella. 10Se alejarán de ella por el miedo a sus tormentos, y dirán:

«¡Ay, ay de la gran ciudad,

Babilonia, la ciudad fuerte:

en una sola hora ha llegado tu condena!»

11»Los comerciantes de la tierra lloran y gimen por ella, porque ya nadie compra sus mercancías: 12ni oro, plata, piedras preciosas o perlas; ni lino, púrpura, seda o escarlata; toda madera olorosa, todo objeto de marfil y todos los enseres de madera preciosa, de bronce, de hierro y mármol; 13canela, especias aromáticas y perfumes, mirra, incienso; vino, aceite, flor de harina y trigo; bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y vidas humanas. 14Todos los frutos que tu alma apetecía se apartaron de ti, y todo lo rico y espléndido pereció para ti, y jamás lo volverás a encontrar.

15»Los traficantes en estos negocios, que se habían enriquecido a costa de ella, se mantendrán lejos por miedo a sus tormentos, y, llorando y gimiendo, 16dirán:

«¡Ay, ay de la gran ciudad,

la que vestía de lino, púrpura y escarlata,

adornada con oro, piedras preciosas y perlas:

17en una sola hora han sido arrasadas

tantas riquezas!»

»Todos los pilotos y todos los navegantes, los marineros y cuantos bregan en la mar se quedaron lejos, 18y gritaban al ver el humo de su incendio: «¿Quién igualaba a la gran ciudad?»

19»Echaron polvo sobre sus cabezas y gritaron llorando y gimiendo:

«¡Ay, ay de la gran ciudad,

con cuya opulencia se enriquecieron

todos los armadores de barcos:

en una sola hora ha sido arrasada!»

20»Alégrate por ella, ¡oh cielo!, y los santos, los apóstoles y los profetas, porque Dios ha confirmado su sentencia contra ella.

21Un ángel poderoso levantó una piedra como una gran muela de molino y la arrojó al mar diciendo:

—Con tal ímpetu será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y ya nunca más se la encontrará. 22La música de los citaristas y de los cantores, de los flautistas y la de los que tocan la trompeta ya no se oirá más en ti. Ningún artesano de ningún oficio se encontrará en ti jamás, ni el rumor de la muela del molino se oirá nunca en ti. 23No lucirá jamás en ti la luz de la lámpara, ni se oirá ya más la voz del esposo y de la esposa, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y todas las gentes se extraviaron con tus hechicerías. 24Y en ella se encontró la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los inmolados en la tierra.

Cantos de triunfo de los salvados

19Ap1Después de esto oí como la fuerte voz de una inmensa muchedumbre en el cielo, que decía:

«¡Aleluya!

¡La salvación, la gloria y el poder

son de nuestro Dios;

2sus juicios son verdaderos y justos,

pues condenó a la gran ramera,

que corrompía la tierra con su prostitución,

y vengó en ella la sangre de sus siervos!»

3Por segunda vez dijeron:

«¡Aleluya!

¡Su humareda sube por los siglos de los siglos!»

4Los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivos se postraron y adoraron a Dios sentado en el trono, diciendo:

—¡Amén! ¡Aleluya!

5Entonces salió una voz desde el trono que decía:

«Alaben a nuestro Dios

todos sus siervos

y los que le temen,

pequeños y grandes».

6Y oí una voz como de una inmensa muchedumbre, como el estruendo de caudalosas aguas, y el estampido de fuertes truenos, que decían:

«¡Aleluya!

¡Reinó el Señor,

nuestro Dios omnipotente!

7Alegrémonos; saltemos de júbilo;

démosle gloria,

pues llegaron las bodas del Cordero

y se ha engalanado su esposa;

8le han regalado un vestido

de lino deslumbrante y puro:

el lino son las buenas obras de los santos».

9Entonces me dijo:

—Escribe: «Bienaventurados los llamados a la cena de las bodas del Cordero».

Y añadió:

—Éstas son palabras verdaderas de Dios.

10Me postré a sus pies para adorarlo, pero me dijo:

—¡No, no lo hagas! Yo soy compañero de servicio tuyo y de tus hermanos que guardan el testimonio de Jesús. Adora a Dios. El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía.

Primer combate: es derrotada la bestia

11Y vi el cielo abierto: en él un caballo blanco, y el que lo monta se llama Fiel y Veraz, y con justicia juzga y combate. 12Sus ojos son como una llama de fuego, y en la cabeza tiene muchas diademas; lleva escrito un nombre que nadie conoce sino él; 13está vestido con un manto teñido de sangre, y su nombre es: «El Verbo de Dios». 14Los ejércitos celestes, vestidos de lino blanco y puro, lo seguían en caballos blancos. 15De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones; él las apacentará con cetro de hierro; y él pisa el lagar del vino que contiene el furor de la ira de Dios omnipotente. 16En el manto y en el muslo lleva escrito un nombre: Rey de reyes y Señor de señores.

17Vi también a un ángel de pie sobre el sol que gritó con voz fuerte, diciendo a todas las aves que volaban en lo alto del cielo:

—¡Vengan, congréguense para la gran cena de Dios, 18para que coman carne de reyes y carne de tribunos, carne de poderosos y carne de caballos y de sus jinetes, carne de todos los hombres, libres y siervos, pequeños y grandes!

19Y vi a la bestia, a los reyes y a sus ejércitos congregados para hacer la guerra contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. 20Pero apresaron a la bestia y con ella al falso profeta que en su presencia hacía prodigios, con los que seducía a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que habían adorado su imagen. Los dos fueron arrojados vivos al estanque de fuego que arde con azufre. 21Los demás fueron muertos con la espada que sale de la boca del que va montado en el caballo. Y todas las aves se hartaron de sus carnes.

Mil años de reinado de Cristo y los suyos

20Ap1Vi a un ángel que bajaba del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena de la mano. 2Apresó al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó durante mil años. 3Lo arrojó al abismo, lo cerró y puso un sello en él, para que no seduzca más a las naciones hasta que pasen los mil años. Después debe ser soltado por poco tiempo.

4Vi también unos tronos; a los que se sentaron en ellos se les dio potestad de juzgar; y vi a las almas de los degollados por dar testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no adoraron a la bestia ni su imagen, ni recibieron la marca en su frente ni en su mano. Revivieron y reinaron con Cristo mil años. 5Los demás muertos no revivieron hasta que se cumplieron los mil años. Ésta es la resurrección primera.

6Bienaventurado y santo el que tiene parte en la resurrección primera. Sobre éstos la muerte segunda no tiene poder, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

Segundo combate: es derrotado Satanás

7Cuando se hayan cumplido los mil años, Satanás será soltado de su prisión, 8y saldrá a seducir a las naciones que hay en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra. Y su número es como la arena del mar. 9Subieron por la ancha extensión de la tierra y pusieron cerco al campamento de los santos y a la ciudad amada, pero bajó fuego del cielo y los devoró. 10Y el Diablo, el seductor, fue arrojado al estanque de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Juicio final sobre vivos y muertos

11Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia huyeron la tierra y el cielo, y no dejaron ningún rastro. 12Vi a los muertos, grandes y pequeños, en pie ante el trono, y fueron abiertos los libros. También fue abierto otro libro, el de la vida. Y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras.

13El mar entregó los muertos que había en él, la muerte y el hades entregaron los muertos que había en ellos, y fue juzgado cada uno según sus obras. 14Entonces la muerte y el hades fueron arrojados al estanque de fuego. Ésta es la muerte segunda, el estanque de fuego. 15Todo el que no figuraba escrito en el libro de la vida era arrojado al estanque de fuego.

Instauración de un mundo nuevo: la nueva creación. La Jerusalén mesiánica

21Ap1Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. 2Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. 3Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía:

Ésta es la morada de Dios con los hombres: Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. 4Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó.

5El que estaba sentado en el trono dijo:

—Mira, hago nuevas todas las cosas.

Y añadió:

—Escribe: «Estas palabras son fidedignas y veraces».

6También me dijo:

—Ya está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al sediento le daré de beber gratis de la fuente de agua viva. 7El que venza heredará estas cosas, y yo seré para él Dios, y él será para mí hijo. 8En cambio, los cobardes, incrédulos, abominables y homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

9Entonces vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas finales y habló conmigo:

—Ven, te mostraré a la novia, la esposa del Cordero.

10Me llevó en espíritu a un monte de gran altura y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, 11reflejando la gloria de Dios: su luz era semejante a una piedra preciosísima, como la piedra de jaspe, transparente como el cristal. 12Tenía una muralla de gran altura con doce puertas, y sobre las puertas doce ángeles y unos nombres escritos que son los de las doce tribus de los hijos de Israel. 13Tres puertas al oriente, tres puertas al norte, tres puertas al sur y tres puertas al occidente. 14La muralla de la ciudad tenía doce pilares y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

15El que hablaba conmigo tenía una caña de oro para medir la ciudad, sus puertas y su muralla. 16El trazado de la ciudad era cuadrado: su longitud era tanta como la anchura. Midió la ciudad con la caña y tenía doce mil estadios; su longitud, anchura y altura eran iguales. 17Midió también la muralla: tenía ciento cuarenta y cuatro codos, según la medida humana usada por el ángel. 18Las piedras de su muralla eran de jaspe, y la ciudad era de oro puro parecido al cristal puro. 19Los pilares de la muralla de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas: el primer pilar era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda, 20el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto y el duodécimo de amatista. 21Las doce puertas son doce perlas. Cada una de las puertas estaba hecha de una sola perla.

La plaza de la ciudad era de oro como cristal transparente. 22Pero no vi templo alguno en ella, pues su templo es el Señor Dios omnipotente y el Cordero. 23La ciudad no tiene necesidad de que la alumbren el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero. 24A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra le rendirán su gloria. 25Sus puertas no se cerrarán en todo el día, porque allí no habrá noche. 26Llevarán a ella la gloria y las riquezas de las naciones, 27pero no entrará nada profano, ni el que comete abominación y falsedad, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.

22Ap1Me mostró el río de agua de la vida, claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero. 2En medio de su plaza, y en una y otra orilla del río, está el árbol de la vida, que produce frutos doce veces: cada mes da fruto; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones. 3Ya no habrá nada maldito. En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto, 4verán su rostro y llevarán su nombre grabado en la frente. 5Ya no habrá noche: no tienen necesidad de luz de lámparas ni de la luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos.

Conclusión de las visiones

6Y me dijo:

—Estas palabras son fidedignas y veraces. El Señor, Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para manifestar a sus siervos las cosas que van a suceder pronto. 7Mira, vendré enseguida. Bienaventurado el que guarde las palabras de la profecía de este libro.

8Yo, Juan, soy quien ha oído y visto estas cosas. Al oírlas y verlas, me postré en adoración a los pies del ángel que me las había mostrado. 9Pero él me dijo:

—¡No, no lo hagas! Yo soy compañero de servicio tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.

10También me dijo:

—No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11El injusto, que cometa aún injusticias; el sucio, que se manche aún más; el justo, que siga practicando la justicia; y el santo, que se santifique todavía más. 12Mira, vendré pronto con mi recompensa, para dar a cada uno según haya sido su conducta. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. 14Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas de la ciudad. 15Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira.

16Yo, Jesús, he enviado mi ángel para darles testimonio de estas cosas que se refieren a las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella radiante de la mañana.

Oración del Espíritu y la esposa. Advertencias y despedida

17El Espíritu y la esposa dicen: «¡Ven!»

Y el que oiga, que diga: «¡Ven!»

Y el que tenga sed, que venga; el que quiera que tome gratis el agua de la vida.

18Yo doy testimonio a todo el que oiga las palabras proféticas de este libro. Si alguien añade algo a ellas, Dios enviará sobre él las plagas descritas en este libro. 19Y si alguien quita alguna de las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la ciudad santa que se han descrito en este libro.

20El que da testimonio de estas cosas dice: «Sí, voy enseguida».

Amén. ¡Ven, Señor Jesús!

21La gracia del Señor Jesús esté con todos.