COMENTARIO
La tercera señal (cfr las otras dos en 12,1.3) anuncia la llegada del desenlace final de la tensión existente entre los poderes del mal y la Iglesia de Jesucristo. El desenlace se presenta con el simbolismo del número siete repetido por tercera vez, tras los siete sellos (cfr 5,1) y las siete trompetas (cfr 8,2). El mar de cristal puede recordar la salvación del éxodo (cfr Sb 19,6-7), o el mar de bronce para las purificaciones del Templo de Jerusalén (cfr 4,6-7). En cualquier caso, una vez más la oración de alabanza de la Iglesia precede a la intervención de Dios. «La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la Gloria» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2639).