COMENTARIO

 Ap 19,1-10 

La alegría de los justos al ser abatido el poder que los perseguía, se manifiesta en alabanzas que culminan en el grito de «¡Aleluya!» (alabad al Señor), y que cantan, unidos a la Iglesia celeste, no sólo la destrucción y superación del mal, sino la plena instauración del Reino de Dios, que es amor y se manifiesta en un banquete de bodas, en las nupcias ya inminentes del Cordero. Con esas nupcias, contempladas desde la perspectiva del final de la historia, se está mostrando a la Iglesia de todos los tiempos, y el objetivo y la tarea cotidiana de los cristianos: preparar su vestido nupcial —mediante las buenas obras, la alabanza y la vida santa— para entrar en el banquete de bodas.

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