COMENTARIO
Dios permitirá que la acción diabólica sea especialmente intensa en los últimos días, «cumplidos los mil años» (v. 7). Así lo enseñó también el Señor, cuando predijo para ese tiempo una tribulación como no la hubo nunca (cfr Mt 24,21-22); San Pablo, por su parte, menciona al hombre inicuo que llegará a sentarse en el Templo y a proclamarse Dios (cfr 2 Ts 2,3-8). Gog y Magog simbolizan terribles poderes devastadores (cfr Ez 38-39). El lanzamiento del diablo al estanque de fuego y azufre significa su derrota; con ella se termina la acción del mal sobre la tierra. Allí, junto con la bestia y el falso profeta, los impíos serán atormentados eternamente. Una vez más las Sagradas Escrituras enseñan la duración eterna del castigo (cfr p. ej. Mt 18,8; 25,41.46; Mc 9,43.48). «La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1035).