COMENTARIO
Derrotado el mal y quitada de en medio su raíz, el demonio, sucederán la resurrección y el Juicio Universal. El Juicio viene descrito con la imagen de los libros: en unos están consignadas las acciones de los hombres (cfr Dn 7,10); en otro especial, los nombres de los predestinados a la vida eterna (cfr Dn 12,1). Con el símbolo de los libros, el Apocalipsis nos enseña dos verdades cuya relación siempre queda en el ámbito del misterio: la gracia de la predestinación y la libertad. La «muerte segunda» (v. 14) es la condenación eterna.
Sobre la verdad del Juicio Final, enseña Pablo VI: «Subió [Cristo] al Cielo y vendrá de nuevo, esta vez con gloria, para juzgar a vivos y muertos, a cada uno según sus méritos: quienes hayan correspondido al Amor y a la Piedad de Dios irán a la vida eterna; quienes le hayan rechazado hasta el fin, al fuego inextinguible (…). Creemos en la vida eterna. Creemos que las almas de cuantos mueren en la gracia de Cristo, tanto los que todavía deben ser justificados en el Purgatorio, como las que desde el instante en que dejan los cuerpos son llevadas por Jesús al Paraíso como hizo con el Buen Ladrón, constituyen el Pueblo de Dios más allá de la muerte, la cual será definitivamente vencida en el día de la Resurrección, cuando esas almas se unirán de nuevo a sus cuerpos» (Credo del Pueblo de Dios, nn. 12 y 28).