Oraciones de Ligorio para después de la Comunión

From MarAdentro

Virgen soberana y Madre mía, me acerco ya a recibir a vuestro Hijo. Dadme, Señora, en esta mañana a vuestro Jesús, como lo disteis al santo viejo Simeón; yo, de vuestras purísimas manos lo quiero recibir; decidle que soy vuestro siervo y devoto, porque así Él me mirará con ojos más amorosos; asistidme y valedme.

Acto de fe

Ya mi Dios ha venido a visitarme y mi Salvador ha venido a habitar en mi alma. Ya mi Jesús está dentro de mí. ¡Oh bondad infinita! ¡Oh misericordia infinita! ¡Oh amor infinito! ¡Un Dios venir a unirse conmigo y hacerse todo mío! Alma mía, ahora que estás tan unida con Jesús, ¿qué haces? ¿Qué le dices? ¿No hablas con tu Dios que está dentro de ti? Ea, pues, aviva otra vez tu fe, considera que los ángeles están alrededor de ti adorando a su Dios que está dentro de tu pecho. Adora tú ahora también dentro de ti a tu Señor, recógete en ti misma y echa de ti todos los otros pensamientos, une todos tus afectos a tu Dios y dile:

Acto de humildad

¡Ay Jesús mío! ¡Mi amado, mi bien infinito! ¿En dónde estáis Señor? ¿Dentro de mi corazón? ¿De un corazón tan lleno de amor propio y de apetitos desordenados? Quisiera deciros con San Pedro: retiraos Señor de mí, porque soy muy indigno de hospedar un Dios de infinita majestad; idos a habitar en aquellas almas puras que os sirven con tanto amor, mas ¿qué digo Redentor mío? ¿Qué será de mí, si Vos me dejaseis? ¿Dónde iría sin Vos, sino a perderme para siempre? No os ausentéis, pues, de mí, yo me uno a Vos, que sois mi verdadera vida; muy loco fui, Señor, cuando me aparté de Vos por amor de las criaturas, pero protesto ahora en vuestra presencia que no quiero jamás separarme de vuestra voluntad, mi deseo es vivir y morir unido con vuestro corazón.

Virgen Santísima, Serafines, almas que amáis a Dios con puro amor, comunicadme vuestros afectos para que haga la compañía que debo a mi amado Señor.

Acto de agradecimiento

Dios mío y Señor mío, os doy gracias de la merced que me habéis hecho esta mañana de venir a habitar en mi pobre alma. Pues quisiera daros un agradecimiento digno de vuestra Majestad y del grande favor que me habéis hecho. Mas ¿qué agradecimiento podrá daros una criatura miserable como yo? ¿Si el joven Tobías no halla en sí posibilidades para agradecer dignamente al Arcángel San Rafael los beneficios temporales que de él había recibido, cómo podré yo agradeceros, Señor, no ya los temporales, sino el don de vuestro cuerpo y sangre Sacramentado que ahora me disteis en alimento?

¡Ah Señor! Aceptad a lo menos los fervorosos deseos que tengo de seros agradecido. Mi Madre y Señora María Santísima, santos mis abogados, Ángel de mi guarda, almas que vivís abrasadas en el amor de Dios, venid a ver y admirar el excesivo favor que ahora me hace y dadle por mí las gracias.

Acto de ofrecimiento

¡Ah Señor! Ya que os dignasteis visitar la pobre casa de mi alma, yo os la ofrezco con toda mi libertad y voluntad; Vos os habéis entregado todo a mí y yo me quiero dar todo a Vos; sí, mis potencias y sentidos sean ya todos vuestros para que no se empleen sino en vuestro obsequio, el entendimiento sólo me sirva para pensar en vuestra infinita bondad y la voluntad sólo para amaros. También os consagro y ofrezco esta mañana todo cuanto tengo: mis pensamientos, mis afectos, mis deseos, mis gustos, mis inclinaciones y mi libertad. En fin, en vuestras manos entrego mi cuerpo y mi alma.

Aceptad, ¡oh Majestad infinita!, el sacrificio que de sí mismo os hace el pecador más ingrato que ha habido sobre la tierra, pero que ahora se entrega y pone todo sin reservas en vuestras divinas manos. Haced, Señor, de mí todo lo que os agrade; venid, ¡oh fuego consumidor, oh amor divino!, y destruid en mí todo lo que no agrada a vuestros purísimos ojos; haced que de hoy en adelante sea todo vuestro y viva solamente para cumplir y obedecer, no sólo vuestros preceptos y consejos, sino también vuestros santos deseos y vuestro mayor gusto.

¡Oh Virgen Santísima! Presentad con vuestras purísimas manos esta ofrenda a la Santísima Trinidad y alcanzadme que la acepte y me comunique la gracia de serle fiel hasta la muerte.

Acto de petición

Alma mía, ¿qué haces? No pierdas este tiempo precioso en que puedes recibir todas las gracias que pidieras. ¿No ves al Eterno Padre que está mirando amorosamente dentro de ti a su amado Hijo, objeto en quien más se complace su amor? Echa fuera de ti todos los pensamientos mundanos, aviva tu fe, dilata tu corazón y pide cuanto quisieres.

¿No oyes al mismo Jesús que dice a tu corazón: alma, di lo que quieres de mí? Yo vine para enriquecerte y contentarte; pide con confianza y alcanzarás cuanto pidieres. ¡Ay mi dulcísimo Salvador! Ya que vinisteis a mi alma para comunicarme vuestras gracias y deseáis que os las pida, yo no busco, Señor, los bienes de la tierra, ni las honras, ni las riquezas ni los contentos del mundo; lo que ahora os pido humildemente es un grande dolor de mis pecados, una luz que me haga conocer la vanidad del mundo y cuán digno sois de ser infinitamente amado.

Trocad este mi corazón y dadme un corazón en todo conforme a vuestra santísima voluntad, un corazón que no busque sino vuestro santo amor. Yo no merezco estos favores, mas Vos los merecéis, mi amado Jesús; yo os los pido por vuestros méritos, por los de vuestra purísima Madre, por el amor que tenéis a vuestro Eterno Padre.

(Aquí podrá pedir cualquiera otra gracia particular para sí y para sus prójimos).

(No se olvide de los pecadores, ni de las almas del purgatorio y ruegue también por mí).