Prólogo de la edición de Madrid de 1854

From MarAdentro

DEVOTO LECTOR: no pretendo en este librito persuadirte que creas la existencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, porque esto sería hacer una injuria a tu fe: tampoco juzgo ser preciso decirte que este Señor está sobre nuestros altares, como en un trono de amor y de misericordia, para distribuirnos infinitas gracias; porque muchos son los libros piadosos que esto te enseñan. Solamente te ruego que hagas una seria reflexión y que veas si tu gratitud y correspondencia hacia este admirable misterio son proporcionadas a tu fe: y si hallares que es tibio tu amor y floja tu devoción a tan divino Sacramento, te ruego te resuelvas a emplear todos los días uno o al menos medio cuarto de hora en la presencia del Señor Sacramentado; y cuando no pudieres ir a visitarle en las iglesias donde está, bastará que en tu propia casa, puesto de rodillas, vuelto hacia el templo que esté más cerca, desde allí le adores y visites. Debes hacer siempre estas visitas por tres fines: el primero para adorarle con toda reverencia y amor, dándole gracias por el inexplicable beneficio de haber instituido aquel divino Sacramento y haberse quedado en este mundo por el excesivo amor que tiene a sus criaturas; el segundo para desagraviarle de los ultrajes y sacrílegos desacatos con que ha sido y es tratado en aquel divino Sacramento por los mismos hombres, y el tercero para pedirle humildemente perdón de tus pecados, la gracia de tu conversión, la perseverancia en su amor y la salvación eterna.

Verdad es que Dios oye en todas partes las oraciones de los fieles; mas también es cierto que Jesucristo en el Santísimo Sacramento distribuye con más abundancia sus gracias a quien le visita: ¡Qué reforma de costumbres habría y cuántas almas se librarían de la eterna condenación, si fuese mayor el número de los católicos que empleasen todos los días un poquito de tiempo en la presencia del Santísimo Sacramento para los fines que arriba dije! Ciertamente que entre todas las devociones, esta de adorar a Jesús Sacramentado es la más agradable a Dios y la más útil para nosotros; ¡qué maravillosos favores alcanzaron muchos santos en el ejercicio de esta devoción! ¡Cuántos pecadores se han convertido por medio de estas visitas!, y ¿quién sabe si también tú, puesto en la presencia de Jesús Sacramentado, tomarás algún día la firme resolución de entregarte todo a Él? Ruégote, pues, que empieces esta utilísima devoción, y si la continúas, verás los preciosos frutos que de ella cogerás.

Para que te sea más fácil este ejercicio, te propongo en este librito las siguientes visitas para todos los días del mes. No soy yo el autor de esta obra, porque aunque deseo templar mis débiles fuerzas en el culto del Santísimo Sacramento, con todo, mi flojo espíritu no podía producir pensamientos tan devotos, ni expresiones tan penetrantes y fervorosas. Un obispo de mucha autoridad por su conocida virtud y por la particular devoción que tenía al Santísimo Sacramento, fue quien la compuso en italiano; yo no he tenido más que el trabajo de traducirlo. Dios sabe que los únicos motivos que me obligaron a esto fueron su gloria y tu utilidad. Quiera su bondad que esta devoción produzca en nuestro país los efectos que produjo en la ciudad de Nápoles, donde tuvo tanta aceptación esta obrita, que aún viviendo el autor que la escribió se reimprimió catorce veces.

(Aquí termina el Prólogo de la edición de Madrid de 1854.)