Rito continuo de la Penitencia, Unción y Viático

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Ritos iniciales

El sacerdote, vestido cual conviene al sagrado ministerio que va a realizar, llega al enfermo y, con sencillas y afectuosas palabras, saluda al enfermo y a cuantos están con él. Puede decir, si le parece, este saludo:

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.

O bien:

La paz del Señor sea con vosotros (contigo).

Una vez colocado el Sacramento sobre la mesa, lo adora junto con los presentes.

Luego, si es oportuno, rocía con agua bendita al enfermo y a la habitación, diciendo esta fórmula:

Que esta agua nos recuerde nuestro Bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección.

Si parece conveniente, el sacerdote puede servirse de las siguientes monición o de otra más apropiada a la situación del enfermo:

Queridos hermanos, nuestro Señor Jesucristo está siempre entre nosotros, ayudándonos con la gracia de sus sacramentos. El es quien, por el ministerio de los sacerdotes, perdona los pecados a los penitentes, fortalece con la Unción santa a los enfermos y, por medio del Viático de su Cuerpo, sostiene en la esperanza de la vida eterna a cuantos esperan su retorno. Dispongámonos, pues, a ayudar con nuestra oración a este hermano nuestro, que ha pedido recibir estos sacramentos.

Penitencia

Si fuera necesario, el sacerdote acoge la confesión sacramental del enfermo, la cual puede hacerse de modo genérico si no se puede hacer de otro modo.

Si el enfermo no hace confesión sacramental o hay otros que quieren comulgar, el sacerdote invita a todos al acto penitencial:

El sacerdote invita a los fieles a la penitencia:

Hermanos: para participar con fruto en esta celebración, comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos juntos, hacen la confesión.

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Dándose golpes de pecho añade:

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Y a continuación:

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

El sacerdote concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

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El Sacramento de la Penitencia o el acto penitencial pueden concluirse con la indulgencia plenaria en peligro de muerte, que otorgará el sacerdote de esta manera:

En nombre de nuestro santo Padre el Papa N., te concedo indulgencia plenaria y el perdón de todos los pecados.

En el nombre del Padre y del Hijo + y del Espíritu Santo.

R. Amén.

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Luego, si las condiciones del enfermo lo permiten, se hace una breve letanía, respondiendo el enfermo, si puede, y todos los presentes. Las fórmulas que siguen pueden adaptarse de forma que ayuden a expresar mejor la oración del enfermo y de los presentes.

Oremos por nuestro hermano N., e invoquemos al Señor que ahora lo va a reconfortar con sus sacramentos.

— Para que Dios reconozca en nuestro hermano el rostro dolorido de su Hijo, roguemos al Señor.

R. Te rogamos, óyenos.

— Para que lo sostenga y conserve en su amor, roguemos al Señor.

R. Te rogamos, óyenos.

— Para que le conceda su fuerza y su paz, roguemos al Señor.

R. Te rogamos, óyenos.

Si hay que conferir el sacramento de la Confirmación dentro del rito continuo, el sacerdote procede como se indica más abajo. Luego, omitida la imposición de manos, bendice el óleo, si es necesario, y hace la Unción, tal como se describe en su lugar oportuno.

Santa Unción

El sacerdote impone en silencio las manos sobre la cabeza del enfermo.

Si hay que bendecir el óleo, lo hace ahora.

Bendice, + Señor, este óleo y también al enfermo que con él será ungido.

Pero si el óleo ya está bendecido, puede decir la oración de gracias sobre dicho óleo:

— Bendito seas, Dios, Padre todopoderoso, que por nosotros y por nuestra salvación enviaste tu Hijo al mundo.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

— Bendito seas, Dios, Hijo unigénito, que te has rebajado haciéndote hombre como nosotros, para curar nuestras enfermedades.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

— Bendito seas, Dios, Espíritu Santo Defensor, que con tu poder fortaleces la debilidad de nuestro cuerpo.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

— Mitiga, Señor, los dolores de este hijo tuyo, a quien ahora, llenos de fe, vamos a ungir con el óleo santo; haz que se sienta confortado en su enfermedad y aliviado en sus sufrimientos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

El sacerdote toma el santo óleo y unge al enfermo en la frente y en las manos, diciendo una sola vez:

Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo.

R. Amén.

Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad.

R. Amén.

El sacerdote introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:

Y ahora, todos juntos, invoquemos a Dios con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:

Y todos juntos dicen:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Viático

El sacerdote muestra el Santísimo Sacramento, diciendo:

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

El enfermo, si puede, y los que van a comulgar dicen una sola vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El sacerdote se acerca al enfermo y, mostrándole el Sacramento, dice:

El Cuerpo de Cristo (o la Sangre de Cristo).

El enfermo responde:

Amén.

Y ahora o después de dar la comunión, añade el sacerdote:

El mismo te guarde y te lleve a la vida eterna.

El enfermo responde:

Amén.

Los presentes que deseen comulgar reciben el Sacramento en la forma acostumbrada.

Una vez distribuida la comunión, el ministro purifica los vasos sagrados. Pueden seguir unos momentos de silencio.

Conclusión del rito

El sacerdote dice la oración final.

Oremos.

Dios todopoderoso, cuyo Hijo es para nosotros el camino, la verdad y la vida, mira con piedad a tu siervo N., y concédele que, confiando en tus promesas y fortalecido con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, llegue en paz a tu reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Y bendice al enfermo y a los presentes.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

Finalmente, tanto el sacerdote como los presentes pueden dar la paz al enfermo.

Unción cuando se duda si el enfermo vive

Cuando el sacerdote duda si el enfermo vive, ha de conferir la Unción de esta manera: acercándose al enfermo, si hay tiempo, dice en primer lugar:

Con humildad y confianza invoquemos al Señor en favor de N., nuestro hermano, para que lo visite con su misericordia y lo conforte con la santa Unción.

R. Te rogamos, óyenos

E inmediatamente le da la Unción, diciendo:

Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo.

R. Amén.

Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad.

R. Amén.

Según los casos puede añadir una oración apropiada a la situación del enfermo.

La confirmación en peligro de muerte

Siempre que lo permitan las circunstancias se observará el rito íntegro, tal como se describe en el ritual de la Confirmación. En caso de necesidad se procede así:

El sacerdote impone las manos sobre el enfermo mientras dice esta oración:

Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a este siervo tuyo y lo libraste del pecado, escucha nuestra oración y envía sobre él el Espíritu Santo Defensor; llénalo de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalo del espíritu de tu santo temor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Después, con la extremidad del dedo pulgar de su mano derecha empapado de Crisma, hace la señal de la cruz en la frente del confirmando diciendo:

N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo.

El confirmado, si puede, responde:

Amén.

Según los casos, y teniendo en cuenta todas las circunstancias pueden añadirse otros elementos de preparación y conclusión tal como se proponen en el Ritual de la Confirmación.

En caso de extrema necesidad basta con que el sacerdote haga la crismación y diga la fórmula sacramental:

N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo.

Fuente del Rito continuo: Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos (6ª ed. española 1996).