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'''Docat''' es una excelente fuente de información para los jóvenes sobre la justicia social ayudándolos al mismo tiempo a conocer y a vivir la Doctrina Social de la Iglesia. Es por así decirlo el libro posterior al YOUCAT, el popular Catecismo para jóvenes basado en el Catecismo de la Iglesia Católica.
== 1. Un nuevo estilo de vida ==
== 1. Un nuevo estilo de vida ==



Latest revision as of 15:34, 3 December 2024

Docat es una excelente fuente de información para los jóvenes sobre la justicia social ayudándolos al mismo tiempo a conocer y a vivir la Doctrina Social de la Iglesia. Es por así decirlo el libro posterior al YOUCAT, el popular Catecismo para jóvenes basado en el Catecismo de la Iglesia Católica.

1. Un nuevo estilo de vida

16 ¿Se puede uno educar en el amor al prójimo?

Sí. Además, es muy importante. El amor no es solo un sentimiento. El amor es también una fuerza, que puede entrenarse. Ser más valientes, más osados, más justos y más afectuosos, constituye un verdadero desafío para todo cristiano. Debemos formarnos para mirar el mundo desde la perspectiva del otro. Aquellos que son tratados con benevolencia sincera se sienten valorados como personas y pueden realizarse. Si practicamos el amor en los gestos más sencillos, con la ayuda de Dios estaremos en mejor posición para amar también allí donde se hace daño y donde no seamos «recíprocamente amados». Tal es el caso cuando nos ocupamos de los más pobres y aún más cuando tenemos que recurrir a un modo de tratar a nuestros enemigos, renunciando a la venganza, la represalia y la violencia.

2. Comenzar de nuevo con amor

28 ¿Cómo se relacionan la doctrina social y la fe?

No todo el que se compromete social o políticamente es ya un cristiano. Pero difícilmente puede llamarse cristiano aquel que no se compromete socialmente. El Evangelio insiste fuertemente en que el ser humano debe abogar por el amor, la justicia, la libertad y la paz. Cuando proclama el comienzo del Reino de Dios, no solo cura y salva a los individuos, sino que, más bien, comienza una forma de comunidad, un Reino de paz y de justicia. Solo Dios puede realizar definitivamente este Reino. Pero los cristianos deben aspirar a una sociedad mejor. Deben construir una ciudad a medida del hombre, «más humana porque es más conforme al Reino de Dios» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 63). Cuando Jesús compara el Reino de Dios con la levadura, que fermenta poco a poco toda la harina de una artesa (Mt 13, 33), conoce perfectamente bien el modo en el que los cristianos deben actuar en la sociedad.

3. Nadie es una copia, todo el mundo es un original

47 ¿Qué queremos decir cuando hablamos de la persona?

Con la palabra «persona» queremos decir que cada ser humano posee una dignidad inviolable. El ser humano fue creado a imagen de Dios (Imago Dei) (Gn 1, 27). Así pues, es aquella criatura de Dios que representa al Creador en la creación. El ser humano es «la única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma» (GS 24). Como criatura de Dios no es algo, sino alguien, y por eso posee un valor incomparable. El ser humano como persona es capaz de reconocerse a sí mismo y de pensar sobre sí, sobre la libertad de su decisión, sobre la comunión con los otros. Y es también llamado a responder a Dios con la fe. De aquí que la semejanza con Dios signifique también que el ser humano se mantiene siempre relacionado con Dios y solo en él puede obtener la plenitud de sus posibilidades como persona.

4. Hay suficiente para todos

89 ¿Cómo debemos manejar los bienes de la tierra?

Dios ha creado el mundo para todos. La tierra produce bienes y frutos que deben estar a disposición de cualquiera, sin excepción, y que deben usarse para el bien de todos. Cada ser humano tiene derecho a lo necesario para la vida, que no se le puede arrebatar jamás, incluso a sabiendas de que existe un derecho a la propiedad y que siempre habrá diferencias entre las posesiones de unos hombres y de otros. Cuando unos tienen más que suficiente, pero a otros les falta incluso lo más necesario, no solo ha de actuar el amor, sino sobre todo la justicia.

5. La célula más pequeña de una sociedad sana

119 ¿Qué aporta la familia a la sociedad?

En primer lugar, la familia es el espacio en el que se asegura la continuidad de la sociedad. En segundo lugar, la familia asume la tarea específica de la socialización y la educación de los hijos. Transmite valores y tradiciones culturales, éticas y sociales, y también virtudes espirituales y religiosas, que son fundamentales para formar al ser humano en libertad y en responsabilidad. Provistas con este bagaje de educación familiar, pueden las personas, después de una adecuada formación especializada, asumir todo tipo de trabajos en la sociedad. Una tercera tarea de la familia consiste en mantener a todos los miembros del hogar y proporcionarles un espacio privado de protección, desenvolvimiento y descanso. En cuarto lugar, especialmente en las sociedades envejecidas, cobra cada vez más importancia que se cuiden en la familia a los enfermos, a los incapacitados y a los que no pueden ejercer ya una profesión. En este sentido, la perspectiva de la familia nuclear se amplía a la generación precedente, lo cual puede dar a la familia una profunda solidaridad y al mismo tiempo su identidad.

6. Nadie debe decir: “No me necesitan”

148 ¿Qué sucede con quienes se encuentran en situaciones laborales precarias?

Los cristianos están llamados a cuidar a quien pasa necesidad, como lo hizo Cristo. La necesidad es especial en el caso de aquellos trabajadores que son dejados al margen de la sociedad por «condiciones laborales precarias» o al convertirse en mano de obra barata (salarios insuficientes en los segmentos inferiores). Así pues, el trabajo es precario cuando el salario se encuentra por debajo del salario medio, cuando las personas no pueden planificar más su futuro y cuando se reducen los derechos de protección de los trabajadores. Las personas tienen derecho a un trabajo y a una remuneración justa. Esto vale también para los jornaleros y los migrantes. A todos se nos exige actuar cuando el mercado presiona contra unas relaciones salariales justas con el fin de sustituirlas por un jornal precario. El Estado puede y debe proporcionar un marco de condiciones en el que los empresarios ofrezcan trabajo, por ejemplo, mediante la creación de un «segundo mercado de trabajo» en el que se haga un trabajo socialmente necesario independientemente del mercado. Ahora bien, todas estas medidas deben realizarse según el principio de subsidiaridad, es decir, son medidas transitorias que tienen que conducir al primer mercado laboral y nunca entrar en competencia con este.

7. Una economía que sirve a la gente

160 ¿Cómo se relacionan entre sí economía y ética?

La economía funciona según sus propias leyes. Cada vez se extiende más por todo el mundo la economía de mercado. Es como una verdadera «plaza de mercado»: vendedores y compradores se encuentran y negocian libremente sobre los precios, las cantidades y la calidad de los productos. La economía de mercado ha demostrado ser muy eficiente, pero solo es éticamente aceptable si es una economía de mercado social enmarcada jurídicamente por el Estado. Para ello deben darse, en primer lugar, reglas estatales claras de garantía, y, en segundo lugar, un cuidado especial por aquellos que no pueden aportar nada a este mercado, porque, por ejemplo, no tienen trabajo o dinero. Además, hay ámbitos humanos en los que la lógica del mercado no es justa, como el mundo del sufrimiento, de la enfermedad y de la minusvalía. El hecho de que el mercado funcione de forma autónoma no significa que sus normas no estén sometidas a las leyes y los mandamientos de Dios. La ética forma parte esencial de una buena economía, pues una acción contraria a la ética conduce a una economía errónea. Lo mismo vale para las acciones económicamente poco rentables, por ejemplo, el despilfarro de los recursos, que son también inmorales.

8. El Estado existe para el pueblo, no al revés

210 ¿Qué cambia cuando la política «sirve»?

La doctrina social pone de relieve la función de servicio de la administración pública. El que sirve al bien común no busca en primer lugar su propio bien, sino el de la comunidad política que se le ha confiado, y ejerce su función política según unos criterios éticos. El que sirve no se enriquece. Esto es determinante para la lucha contra la corrupción. El que sirve tiene además en su punto de mira a la persona concreta en su necesidad. La burocratización excesiva de los Estados o de las uniones de Estados no sirve al desarrollo subsidiario y libre de las personas ni de las pequeñas unidades sociales. Las personas sencillas son las que a menudo tienen que sufrir los perjuicios, porque no están a la altura de todo el enredo del aparato burocrático. Una buena administración es un gran bien; una buena administración sirve. La burocracia (= el gobierno de las oficinas) deshumaniza también, por otro lado, a quienes la ejercen, porque hace «de los seres humanos funcionarios y meras ruedas del engranaje burocrático» (Hannah Arendt).

9. Los demás son una riqueza y no una amenaza

236 ¿Cómo deben comportarse los seres humano s entre sí?

Los seres humanos deben entenderse como comunidad y aceptar la diferencia de individuos y de pueblos, es más, considerar esta diversidad como una riqueza. Esto cobra cada vez más importancia en la época de la globalización. Somos «habitantes de una y la misma casa», escribe el papa Juan XXIII (MM 157). Con esto quiere decir que nuestras relaciones han llegado a ser tan estrechas como quienes habitan en una misma casa. Valores como la verdad, la solidaridad y la libertad, que son fundamentales en nuestras relaciones cotidianas, adquieren globalmente cada vez más importancia con el aumento de la interconexión de las relaciones y de las dependencias. Una buena convivencia solo es concebible en un mundo en el que no haya violencia, guerra, discriminación, intimidación o engaño. Por eso la Iglesia exige que la globalización social y económica vaya acompañada de una globalización de la justicia. Jesucristo, que fue quien trajo la justicia fundamental a nuestro mundo, nos recuerda la obligación especial que tenemos al respecto en nuestras acciones.

10. La tierra pertenece a nuestros hijos y nietos

256 ¿Qué pueden aportar los cristianos a un entorno medioambiental que sea justo para el ser humano?

Los cristianos no son respetuosos con el medio ambiente si limitan su compromiso a hacer un llamamiento moral a los demás. Asimismo, de poco vale hablar continuamente de los problemas ecológicos globales en lugar de prestar específicamente atención al propio medio ambiente y a las posibilidades que surgen en él. La moral cristiana del medio ambiente no confía por eso en hacer proclamaciones pedantes. En su lugar, intenta dar una orientación en las decisiones conflictivas individuales y sociales. Para ello es necesario analizar con precisión las conexiones causa-efecto, los riesgos y las oportunidades, pues solo así pueden obtenerse modelos positivos de orientación. Los cristianos hacen una contribución valiosa a la conservación de los sistemas ecológicos cuando apuestan «por disfrutar de la creación en lugar de destruir el medio ambiente». El valor para mantener la esperanza debe vincularse con la búsqueda de la sabiduría y con disposición a actuar. Sin riesgo a exagerar, puede decirse que «si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros» (Papa Francisco, LS 24).

11. Donde comienza la paz?

272 ¿Por qué deben los cristianos difundir la paz?

Jesucristo estableció la paz entre el cielo y la tierra, y abrió las puertas a una vida basada en la reconciliación y en la alegría interior. Pero su paz no se difunde por sí sola. Los seres humanos son libres de aceptar con fe el don de la reconciliación de Dios o de rechazarlo. Pero para eso deben haber oído primero que la paz es posible en Dios, tanto en la vida personal como entre grupos y naciones enfrentadas. Esto puede experimentarse en el encuentro con personas reconciliadas, personas que no devuelven el golpe, que no se vengan, que no recurren a la violencia. La proclamación del Evangelio de la paz, con palabras y obras, crea siempre nuevos comienzos de verdadera paz.

12. Construir el amor

308 ¿Cómo funciona la convivencia cristiana?

Cuando el «poder» ocupa el centro de las sociedades, estas se estructuran según el derecho del más fuerte. Pero esto no es cristiano, pues la convivencia se convierte en una exclusiva lucha por la supervivencia. Cuando se sitúa el «trabajo» en la cúspide de la convivencia social, el ser humano termina convirtiéndose inmediatamente en un engranaje sin sentido y en un esclavo. Dios tampoco quiere que nuestra aspiración máxima derive del «azar» o la «suerte». La vida se parecería a una lotería que siempre les toca solamente a las personas equivocadas, y nosotros seguiríamos nuestros instintos y pulsiones y nos impondríamos todo tipo de presiones para evitar lo peor. La doctrina social católica afirma que el plan maestro de Dios para la convivencia social se llama caridad/amor social. Viviendo de cara a un Dios personal, que nos quiso y que quiere algo con nosotros, nos vemos como hijos de un Padre común y como hermanos y hermanas. Cuando el agradecimiento, el sentido y la responsabilidad determinan nuestra vida individual y comunitaria, surge una cultura de respeto recíproco en la que son plausibles la confianza, el consuelo y la alegría de vivir. El amor social vence al espíritu de la despersonalización, crea cohesión emocional en la sociedad y hace posible una conciencia común que rebasa los límites de las creencias.

13. Yo puedo hacer algo que tú no puedes...

95 ¿Qué es el principio de subsidiaridad?

Toda tarea social está confiada en primer lugar al grupo más pequeño posible que pueda llevarla a cabo. Los niveles inmediatamente superiores solo pueden hacerse cargo de las competencias cuando la unidad inferior no está en condiciones de solucionar los problemas, es decir, si la unidad inferior necesita ayuda, las instancias superiores deben ayudarle. Esta regla se resume en el Principio de subsidiaridad y en el Compromiso de ayuda. Por ejemplo, si una familia tiene problemas, el Estado solo puede intervenir cuando la familia o los padres se ven desbordados para encontrar la solución. Este principio fortalece la libertad del individuo, de los grupos y asociaciones, e impide una centralización excesiva. Deben potenciarse las iniciativas particulares, pues poder ayudarse a sí mismas es un componente importante de la dignidad de la persona. El principio de subsidiaridad fue formulado por primera vez por el papa Pío XI en su encíclica Quadragesimo anno de 1931.

14. Lo que ayuda a todos te ayuda a ti

87 ¿Qué significa «bien común»?

El bien común, dice el Concilio Vaticano II, es «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS 26). El fin del hombre es hacer el bien, y el de la sociedad es el bien común. «El bien común se puede considerar como la dimensión social y comunitaria del bien moral» (CDSI 164). El bien común incluye tanto el bien de todo ser humano como también el bien de todo el hombre. El bien necesita fundamentalmente las condiciones de un ordenamiento estatal que sean efectivas, como las que se dan en un Estado de derecho. También debe ocuparse del mantenimiento de los medios de subsistencia naturales. En este contexto encontramos los derechos de cada individuo a la alimentación, la vivienda, la salud, la educación y el acceso a la enseñanza, como también los derechos a la libertad de expresión, de asociación y de religión. Desde esta perspectiva, las exigencias del bien común coinciden con los derechos humanos universales.

15. Hay derechos que no son negociables

64 ¿De dónde proceden los derechos humanos?

Los derechos humanos no son una invención de los juristas, ni tampoco constituyen un acuerdo casual realizado entre hombres de Estado de buena voluntad. Más bien, proceden del derecho primario dado con la naturaleza humana. Actualmente, son reconocidos como la base fundamental de un acuerdo sin fronteras para poder vivir en libertad, con dignidad y con igualdad. Son reconocibles mediante la razón y se enraízan en la dignidad que el ser humano posee por ser imagen de Dios. Por este motivo son universales, y no dependen del lugar ni del tiempo. Son invulnerables, porque también lo es la dignidad humana en la que se fundamentan. Y son inalienables, es decir, nadie puede quitárselos a otro (y no hay nadie que tenga el poder para atribuírselos o negárselos a otra persona). Todos, pero especialmente los cristianos, deben levantar la voz cuando se enteran de que son vulnerados o no son reconocidos (aún) en algunos países.

16. La tierra crece unida

230 ¿Qué problemas sociales trae consigo la globalización?

La acelerada globalización no implica que todos los países estén igual de desarrollados ni que todas las personas puedan beneficiarse de su interconexión. Más bien la realidad es todo lo contrario: todavía persisten problemas como la pobreza, el hambre, la falta de formación o una pésima sanidad y la vulneración de los derechos humanos. Con frecuencia, la globalización incluso aumenta aún más estos problemas. Los países más pobres dependen altamente de lo que los países más desarrollados quieran producir en ellos o comprarles. Asimismo, los salarios que ganan los trabajadores en los países pobres son bajísimos. Por ejemplo, una costurera de Bangladesh recibe unos dos o tres centavos por coser una camiseta que en América Latina cuesta cinco dólares. Surgen así injusticias que a menudo son culpables de que se prive a muchas personas de los derechos humanos fundamentales. Todo esto se ve intensificado por el cambio climático, que agrava aún más los problemas de los países menos desarrollados del Sur. Así pues, la globalización no solo tiene ventajas, sino que también intensifica muchos problemas o deja incluso que aparezcan otros nuevos.

17. Si tienes que huir porque tu casa va a ser un infierno...

248 ¿Por qué es la migración un problema?

Las razones para dejar su patria pueden ser variadas: la pobreza y la indigencia de la población, la falta de libertad y de democracia, la persecución política como también los conflictos y las guerras. Además de los inmigrantes que viven legalmente en los países de destino, existen también ciento de miles de «ilegales» que, al no tener un permiso de residencia, viven a escondidas en la sociedad. La vida de estas personas está marcada permanentemente por el miedo a ser descubiertas, detenidas y expulsadas. Por eso se les prohíben los derechos fundamentales. Muchas de estas personas viven en condiciones infrahumanas. Las personas sin permiso de residencia no se atreven a acudir a un médico, a oponerse a unas condiciones laborales de explotación o enviar a sus hijos a la escuela –el miedo a ser descubiertas y expulsadas es muy grande–. La Iglesia, no obstante, afirma contundentemente: también las personas sin permiso de residencia tienen derechos humanos que no les pueden ser negados.

18. El poder en buenas manos

32 ¿Tiene preferencia la Iglesia por un modelo social y político determinado?

Sí, la Iglesia aboga por un ordenamiento libre y democrático, porque es la mejor garantía para la participación de todos los ciudadanos, y defiende los derechos humanos. El papa Juan Pablo II escribió al respecto: «La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Por esto mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado. Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana» (Juan Pablo II, CA 46)

19. Prevenir incluso las guerras pequeñas

289 ¿Qué hacemos si, pese a todo, se produce una guerra?

Las guerras de conquista y de agresión son inmorales en sí mismas. Cuando estalla una guerra, los responsables del Estado atacado tienen el derecho y el deber de organizar su defensa también con la fuerza de las armas. Los Estados tienen derecho a tener fuerzas armadas y a poseer armamento para proteger a su población de ataques externos. Asimismo, los cristianos pueden ser soldados, en la medida en que las fuerzas de seguridad sirvan a la seguridad y la libertad de un país y estén al servicio de la protección de la paz. Es un crimen utilizar a los niños y los jóvenes como soldados. Su utilización en las fuerzas armadas, de cualquier forma que sea, debe detenerse, y los «niños soldados» usados hasta ahora han de integrarse de nuevo en la sociedad.

20. Denles de comer

10 Mandamientos para un futuro sin hambre

1. Cooperarás para que todas las personas del mundo tengan suficiente para comer.

2. No especularás con el pan de tu prójimo.

3. No llenarás tu depósito con lo que las personas hambrientas necesitan comer.

4. Honrarás a la tierra y lucharás contra el cambio climático, para que prosperéis tú, tus hijos y toda la humanidad.

5. Vivirás de manera que tu estilo de vida no sea a costa del de los demás.

6. No codiciarás las tierras de tu prójimo.

7. No aumentarás, sino que reducirás el hambre con tu política agraria.

8. Lucharás conta los gobiernos corruptos y sus cómplices.

9. Ayudarás a evitar los conflictos armados y las guerras.

10. Lucharás eficazmente contra el hambre con ayudas para el desarrollo.

  • Caritas de Austria*

21. Tolerancia Cero ante la corrupción

194 ¿Qué es la corrupción y cómo puede combatir se?

La corrupción, es decir, la malversación del poder que ha sido confiado y de los medios disponibles para ello, es un tumor maligno que destruye a la sociedad desde dentro. Y los que carecen de poder se ven obligados a pagar por servicios que les corresponden por derecho, como la seguridad, la formación, la sanidad, el trabajo y el desarrollo profesional. A menudo, quienes sufren la corrupción se convierten en corruptos cuando consiguen una pequeña parte de poder. Forma parte de la corrupción el soborno, la malversación, el abuso de los bienes confiados, el clientelismo, y muchas otras cosas. La corrupción está muy extendida y tiene consecuencias desastrosas. Las mismas instituciones eclesiales no están exentas del «dulce veneno de la corrupción» (Papa Francisco). La corrupción está en contra de todos los principios de la doctrina social: defrauda al ser humano en sus derechos naturales, hiere el bien común y pisotea la dignidad de la persona. Luchar contra la corrupción es responsabilidad de todos, pero muy especialmente de los políticos. Un primer medio contra la corrupción es el control social mediante la transparencia máxima en el reparto de derechos y recursos. Los cristianos y las comunidades que no se dejan sobornar y que se conciben como ámbitos libres de corrupción en medio de sociedades corruptas, pueden ser fermento de una renovación de toda la sociedad.

22. El mundo, casa común

261 ¿Dónde se encuentra lo que dice la Iglesia sobre el medio ambiente?

El texto central de la Iglesia en temas de ecología es la encíclica del papa Francisco Laudato sì (2015). Es un análisis extenso de la amenaza ecológica elaborado junto a muchos científicos, acompañado de la descripción de las causas de la crisis. La crisis ecológica no solo reside en la ostensible debilidad política («sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas») ni en la descontrolada explotación económica de la tierra que de ahí se deriva; el origen central de la catástrofe hay que buscarlo en el propio ser humano, en el gran deterioro de su comportamiento relacional («mi relación interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra»). La conversión salva al ser humano, que debe aprender «que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás» (LS 70). Así, la verdadera ecología es al mismo tiempo protección del medio ambiente, ecología humana, ecología social y ecología cultural, todo en uno. «La libertad humana», añade Francisco, «es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (LS 112). Además de Laudato sì, también las encíclicas Populorum Progressio (1967) y Caritas in Veritate (2009) son otros importantes documentos sobre la relación entre la responsabilidad social y la autodestrucción ecológica de la tierra.

23. Un ser humano es un ser humano desde el principio

71 ¿Desde qué momento es el ser humano una persona?

Algunos dicen que solo puede hablarse de la existencia de una persona humana a partir del momento del nacimiento. Otros refutan esta tesis e incluso dicen que solo se es persona cuando se sabe pensar y decidir. También hay quienes fijan el comienzo de la existencia humana en la formación del tronco cerebral o en el momento en el que se excluye la existencia de gemelos. La Iglesia rechaza todas estas interpretaciones y afirma que la vida comienza con la fusión de un óvulo y un espermatozoide. La Iglesia considera absolutamente digna de protección la vida que surge de la fecundación, ya desde el inicio del estado embrionario. Por consiguiente, el embrión es un ser humano completo y como tal está dotado de dignidad, que es propia de toda persona humana. Debe mostrarse por ello un respeto absoluto a los embriones y a los miembros más débiles de la sociedad.

24. El Estado y sus fundamentos

223 ¿Qué dice la Iglesia sobre la separación de poderes y la legalidad?

La Iglesia se declara explícitamente a favor de la separación de poderes. Solo si los poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo. Por otra parte, el Estado de derecho es la condición previa para que las personas puedan desarrollar su dignidad, gozando, por ejemplo, de la libertad de conciencia y de religión. En particular, la existencia de una justicia independiente es para la moral social católica la garantía de un ordenamiento político éticamente justificado. Este principio de legitimidad es considerado tan fundamental que la misma Iglesia se somete a él: la doctrina social católica sostiene que la libertad religiosa no puede aplicarse unilateralmente a favor de la Iglesia católica, sino que debe reconocerse a todas las comunidades religiosas.

25. La vida es demasiado bella para experimentos cínicos

69 ¿De qué trata la bioética?

La palabra «bioética» está formada de dos términos griegos, bíos (= vida) y ethos (= uso, costumbre, hábito), y trata de las relaciones justas con todos los seres vivos. Por eso la bioética no es solamente una ética del medio ambiente, en la que se investiga cómo conservar los ecosistemas e impedir el cambio climático. Una correcta bioética debe ser una ética del ser humano, pues la dignidad de la persona no solo está en juego en cuestiones de investigación genética o de eutanasia (= ¿se puede suicidar uno o matar a otro ser humano que tiene un sufrimiento insoportable?). En el nacionalsocialismo se creó la expresión «vida indigna de ser vivida», que sirvió para que los nazis se creyeran, con sus crímenes, dueños de la vida y de la muerte. El hombre, sin embargo, debe ser respetado como persona desde su concepción, con los mismos derechos que todas las personas. Nadie tiene el derecho de privarle de la dignidad personal que Dios le ha donado. Nadie puede atentar contra la integridad de otro ser humano para fines científicos, ni porque sea anciano, esté enfermo o demente, o no haya nacido aún o sea minusválido. La dignidad de la persona es el verdadero fundamento de los derechos humanos y de la justificación del ordenamiento político.

26. Los niños son amor hecho visible (Federico Leopoldo Novalis)

122 ¿Por qué necesitan los niños una protección especial?

Los niños deben ser protegidos y defendidos en cualquier circunstancia, pues «un niño es el mayor regalo de Dios para la familia, para un pueblo y para el mundo» (Madre Teresa). Los niños son el futuro de la humanidad, y por su naturaleza necesitan ayuda. En ocasiones, los niños se ven obligados a crecer en condiciones que claman al cielo; en muchas partes del mundo se carece de una asistencia sanitaria, una alimentación adecuada, un mínimo de educación escolar o, incluso, de un hogar. Asimismo, hay continuos escándalos como el tráfico de niños, el trabajo infantil, el fenómeno de los «niños de la calle», la utilización de niños en las guerras, el matrimonio con menores o la pederastia. Es indispensable combatir tanto a nivel nacional como internacional cualquier vulneración de la dignidad de los niños que pueda ser causada por la explotación sexual o por cualquier otra forma de violencia.

27. Los pobres están cerca del corazón de Dios

169 ¿Y qué debo hacer para tratar la pobreza ajena?

Puesto que Dios ama a cada ser humano «hasta morir en la cruz», los cristianos miran a su prójimo con ojos nuevos. Es más, en los más pobres de los pobres reconocen ellos a Cristo, su Señor. Por eso los cristianos están profundamente motivados a hacer todo lo necesario para mitigar el sufrimiento del prójimo. Para ello se orientan con las Obras de misericordia. Podemos ayudarnos entre nosotros, cara a cara, o colaborar también de manera indirecta mediante donativos para que los pobres puedan sobrevivir y vivir con dignidad. Sin embargo, es más importante la ayuda para la autoayuda, es decir, capacitar a los pobres para que ellos mismos se liberen de la pobreza, por ejemplo, dándoles un puesto de trabajo o formándoles mejor. Ahora bien, a nadie se le debe exigir demasiado, pero tampoco se le debe exonerar demasiado deprisa. Los empresarios y las empresarias hacen una importante contribución a la lucha contra la pobreza creando puestos de trabajo y procurando condiciones laborales dignas.

28. Sin discapacidad

60 ¿Qué dice la Iglesia acerca de la discriminación de las personas minusválidas?

Según la doctrina social católica, la justicia social se realiza mediante la participación de todas las personas de la sociedad en las cuestiones fundamentales de la vida cotidiana relativas a la sociedad, la economía, la política y la cultura. Las discriminaciones, la exclusión de las personas de esta participación, constituye una vulneración de la justicia. Por consiguiente, es una tarea del Estado y de la sociedad crear las condiciones necesarias para que también se asegure la participación de las personas minusválidas. Pues la dignidad de la persona no depende de las capacidades corporales o intelectuales, y su valor no puede definirse mediante el rendimiento o la eficacia.

29. Sobre hombres y mujeres y lo que los une

59 ¿En qué son iguales y en qué se diferencian el hombre y la mujer?

El hombre y la mujer son iguales en dignidad ante Dios. Pero Dios no creó a los seres humanos como abstracciones, sino como hombre y como mujer, con una propia identidad de género. Y así lo hizo para que los dos se relacionaran de un modo fundamental y se necesitaran recíprocamente, sin que un género dominara o marginara a otro (machismo y feminismo radical). Ser hombre y ser mujer significa, por consiguiente, algo más que adoptar un rol determinado. Desde la perspectiva cristiana, el hombre y la mujer reflejan en una relación de amor la plena y fiel imagen de Dios.

30. La Tierra pertenece a Dios y a todos sus hijos

153 ¿Cómo reacciona la doctrina social ante los cambios radicales que se están produciendo mundialmente en el sector agrario?

Más que cualquier otro sector económico, la agricultura marca especialmente la naturaleza y la cultura de una sociedad. Por eso es también importante para los países industrializados mantener una agricultura sostenible. En la mayoría de los países, el sector agrario es con creces, ahora como antes, el sector económico más importante. En él trabaja también el mayor número de personas. Esto se comprueba sobre todo en los países y las regiones pobres del planeta. A menudo, el problema fundamental se encuentra en que la tierra de cultivo está en manos de unos pocos latifundistas. Si estos grandes latifundios llevan a una explotación de la población agrícola y perjudican al desarrollo de una política económica positiva, la doctrina social de la Iglesia está de acuerdo con una reforma agraria y con una redistribución de la tierra. Estas medidas deben realizarse de acuerdo con un marco jurídico justo. La injusticia anterior no puede combatirse con una nueva injusticia.

31. El arte de hacer crecer una familia

115 ¿Qué tiene de extraordinario la familia?

La experiencia insustituible que los seres humanos tienen en una buena familia se resume en la siguiente frase: yo soy amado incondicionalmente. En ella conviven recíprocamente diversas generaciones experimentando el afecto, la solidaridad, el aprecio, el esfuerzo desinteresado, la ayuda y la justicia. Cada miembro de la familia es reconocido, aceptado y respetado en su dignidad, sin que para ello tenga que aportar un rendimiento. Cada uno es amado por lo que es. Los individuos no son un medio para conseguir algo, sino un fin en sí mismos. De esta manera, en la familia surge una cultura de la vida que supera con creces a toda otra estructura. En nuestros días se tiene con frecuencia más en cuenta lo que uno puede hacer o si puede aportar algo (p.ej., dinero). A menudo predomina una concentración en lo material. Se trata de una mentalidad que desafía a las familias y que frecuentemente las destruye.

32. Ayuda, y se te ayudará

102 ¿Cómo puede concretarse la solidaridad?

La solidaridad es tanto un principio social como una virtud moral. En cuanto principio de ordenación social, sirve para vencer a las «estructuras de pecado» (Juan Pablo II, SRS 36) y crear así una «civilización del amor». En cuanto virtud moral, la solidaridad significa defender concretamente y con contundencia el bien de los demás, en particular de los necesitados. De nada sirven aquí las meras palabras de compasión, pues debemos actuar. «El principio de solidaridad implica que los hombres de nuestro tiempo cultiven aún más la conciencia de la deuda que tienen con la sociedad en la que están insertos» (CDSI 195). Los seres humanos pueden conseguir poco por sí solos, sino que dependen de lo conseguido por otros, también de sus antepasados. De aquí surge la obligación de vivir para los demás y de tener en cuenta a las generaciones futuras a la hora de realizar nuestras propias acciones y tomar nuestras decisiones.

33. El compromiso Cristiano en la opinión pública

319 ¿Puedo comprometerme en un partido político, aunque sus posiciones no estén siempre de acuerdo con la doctrina cristiana?

Sí. Como católicos tenemos la tarea de transformar la sociedad en una «civilización del amor». Al comprometernos en los partidos, tenemos el medio para mostrarnos solidarios con los débiles. Servimos al bien común cuando en el trabajo del partido resaltamos la primacía de la persona y tenemos en cuenta las estructuras sociales subsidiarias. Los partidos proporcionan programas y para llevarlos a cabo necesitan mayorías. Ahora bien, dado que el programa cristiano está a menudo vinculado a posiciones incómodas, apenas existen partidos en los que se vea plenamente reflejada la doctrina cristiana. Esto implica que los católicos participemos con responsabilidad para fortalecer las posiciones respectivas y lograr que estas sean mayoritarias. El presupuesto de un compromiso responsable es conocer exhaustivamente qué piensa el partido de la inviolable dignidad humana, de los derechos humanos, de la persona y de la protección de la vida, como también sobre la posición jurídica de la Iglesia en nuestra sociedad, sobre cómo se determina su posición en las diversas Constituciones nacionales. Los cristianos católicos no han perdido nada en aquellos partidos que exaltan la violencia, o en cuyos programas se encuentra el odio social, la demagogia, la lucha racial o de clases.

34. La raíz de todo mal

19 ¿Por qué en el fondo de todo pecado se encuentra la alienación del ser humano con respecto a sí mismo?

El ser humano que solo se centra en sí mismo de forma egoísta, acaba atrofiándose. No estamos hechos para ser autosuficientes; necesitamos la comunidad humana, necesitamos la liberadora orientación hacia el sentido y el origen de nuestro ser, en definitiva, hacia Dios. Debemos salir de nosotros mismos, pues hemos sido creados para amar. Amando a los demás y a Dios nos trascendemos a nosotros mismos. Centrarse y encerrarse en uno mismo equivale a pecar. Quien no ama (o no puede amar), vive autoalienado. Lo mismo cabe decir de todas las sociedades. Donde el primer plano es ocupado solamente por el consumo, la producción y la tecnología, se produce un déficit de solidaridad y auténtica humanidad. Esta sociedad, así estructurada, ya no está al servicio del ser humano, sino que, al contrario, el ser humano está sometido a ella.

35. Estado e Iglesia, un matrimonio complicado

224 ¿Qué une y qué separa al Estado y a la Iglesia?

La Iglesia se define como parte de la sociedad civil al integrarse en el principio del Estado de derecho. De este modo deja de estar políticamente vinculada con el Estado, a diferencia de lo que sucedía en los tiempos de la «alianza entre el altar y el trono». En este sentido se resalta ante todo la autonomía y la independencia entre el Estado y la Iglesia. El bien común político y espiritual pueden separarse hasta cierto grado, puesto que constantemente existen puntos de intersección. A partir de este fundamento deben trabajar conjuntamente la Iglesia y el Estado. Pese a la obediencia a las leyes, la Iglesia se reserva el derecho a intervenir como un correctivo moral y a ejercer su crítica allí donde ve que se vulneran principios morales fundamentales.