Oraciones de Ligorio para la Comunión: Difference between revisions
Created page with "Oraciones de '''San Alfonso María de Ligorio''' para la comunión == Para antes de la Comunión == === Acto de fe === ¡Ah, mi amabilísimo Salvador! ¡Qué exceso de amor, qué abatimientos de vuestra Divina Majestad practicasteis para uniros conmigo en ese adorable Sacramento! Siendo Dios os hicisteis hombre, siendo inmenso os hicisteis niño; siendo Señor os hicisteis siervo, descendisteis del seno del Eterno Padre al seno de una virgen; del cielo, a un pesebre; d..." |
Tags: mobile web edit mobile edit |
||
| Line 40: | Line 40: | ||
=== Acto de agradecimiento === | === Acto de agradecimiento === | ||
Dios mío y Señor mío, os doy gracias de la merced que me habéis hecho esta mañana de venir a habitar en mi pobre alma. Pues quisiera daros un agradecimiento digno de vuestra Majestad y del grande favor que me habéis hecho. Mas ¿qué agradecimiento podrá daros una criatura miserable como yo? ¿Si el joven Tobías no halla en sí posibilidades para agradecer dignamente al Arcángel San Rafael los beneficios temporales que de él había | Dios mío y Señor mío, os doy gracias de la merced que me habéis hecho esta mañana de venir a habitar en mi pobre alma. Pues quisiera daros un agradecimiento digno de vuestra Majestad y del grande favor que me habéis hecho. Mas ¿qué agradecimiento podrá daros una criatura miserable como yo? ¿Si el joven Tobías no halla en sí posibilidades para agradecer dignamente al Arcángel San Rafael los beneficios temporales que de él había recibido, cómo podré yo agradeceros, Señor, no ya los temporales, sino el don de vuestro cuerpo y sangre Sacramentado que ahora me disteis en alimento? | ||
¡Ah Señor! Aceptad a lo menos los fervorosos deseos que tengo de seros agradecido. Mi Madre y Señora María Santísima, santos mis abogados, Ángel de mi guarda, almas que vivís abrasadas en el amar de Dios, venid a ver y admirar el excesivo favor que ahora me hace y dadle por mí las gracias. | ¡Ah Señor! Aceptad a lo menos los fervorosos deseos que tengo de seros agradecido. Mi Madre y Señora María Santísima, santos mis abogados, Ángel de mi guarda, almas que vivís abrasadas en el amar de Dios, venid a ver y admirar el excesivo favor que ahora me hace y dadle por mí las gracias. | ||
Revision as of 14:16, 17 April 2022
Oraciones de San Alfonso María de Ligorio para la comunión
Para antes de la Comunión
Acto de fe
¡Ah, mi amabilísimo Salvador! ¡Qué exceso de amor, qué abatimientos de vuestra Divina Majestad practicasteis para uniros conmigo en ese adorable Sacramento! Siendo Dios os hicisteis hombre, siendo inmenso os hicisteis niño; siendo Señor os hicisteis siervo, descendisteis del seno del Eterno Padre al seno de una virgen; del cielo, a un pesebre; del trono de gloria, a un patíbulo de ajusticiados, y esta mañana salís de ese sagrario para venir a habitar dentro de mi pecho.
He aquí, ¡oh alma mía!, a tu amante Jesús que ardiendo en aquel mismo amor con que te amó en la cruz, muriendo por ti, está en aquel divino Sacramento esperando que llegues a recibirle y desde allí está observando tus pensamientos, tu amor, tus deseos, tus pretensiones y las ofrendas que vas a presentarle.
Ea, pues, alma mía; aparéjate para recibir a Jesús y primeramente dile con viva fe: ¿Es posible, mi amado Redentor, que de aquí a pocos instantes habéis de venir a mí? ¿Un Dios infinito a un pecador tan malo e ingrato como yo? ¡Oh Dios escondido y desconocido de la mayor parte de los hombres! Yo os confieso, creo y adoro en el Santísimo Sacramento por mi Señor y Salvador y por confesar y defender esta Verdad daría voluntariamente mi propia vida. Vos venís para enriquecerme de gracia y para uniros conmigo. ¡Ah, mi dulce Señor! ¡Cuánta debe ser mi confianza, sabiendo que venís por motivos tan amorosos!
Acto de confianza
Alma mía, dilata tu corazón. Jesús puede hacerte todo bien, Él te ama excesivamente, espera, pues, grandes favores de Éste tu amante Señor, que impelido de su grande amor viene a consolarte. Sí, mi amado Jesús, yo confío en vuestra bondad, que entrando ahora en mi pecho, encenderéis en mi pobre corazón la suave llama de vuestro puro amor y un eficaz deseo de ejecutar en todo vuestra santísima Voluntad.
Acto de amor
¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡Verdadero y único amante de mi alma! ¿Qué más podéis hacer para que os ame? No os bastó morir por mí, quisisteis instituir ese grande Sacramento para daros todo a mí y unir vuestro corazón a mi corazón, al corazón de una criatura tan mala y tan ingrata como soy yo. ¡Oh amor inmenso! ¡Amor incomprensible! ¡Amor infinito! ¿Un Dios querer darse a mí?
Alma mía, ¿tú lo crees? Pues, ¿qué haces, qué dices? ¡ Oh Dios, oh Dios! ¡Oh amor infinito, único objeto digno de todo mi amor! Yo os amo con todo mi corazón, os amo sobre todas las cosas, os amo más que a mí mismo, más que a mi propia vida. ¡Oh si pudiese hacer que todas las criaturas os amasen cuanto Vas merecéis! ¡Ay, quién me diera amaros con aquel amor con que os aman los Serafines, con aquel amor con que os ama mi Madre y Señora, María Santísima! Afectos terrenos, salid de mi corazón, Madre del amor hermoso, Virgen Santísima, ayudadme a amar a aquel Dios que tanto deseáis sea amado.
¿No eres tú, alma mía, la que vas a recibir ahora el sagrado cuerpo de Jesucristo? ¿Eres, acaso, digna de tan alto favor? ¡Ay Dios mío! ¡Quién soy yo y quién sois Vos! Yo sé bien, y creo firmísimamente que Vos sois un Dios de majestad infinita e incomprensible; mas lo que yo soy, Vos, Señor, lo sabéis. ¿Es, pues, posible Jesús mío, que Vos, pureza infinita, deseéis entrar en un alma tan impura como la mía y que tantas veces ha sido manchada con el lodo vil de mis enormes pecados? ¡Ah Señor! A vista de vuestra infinita majestad y de mi gran miseria, me avergüenzo de aparecer delante de Vos. El temor y el respeto me quieren apartar de Vos, mas si me retiro de Vos, ¿dónde iré? ¿Y qué será de mí? No, Señor, no quiero ausentarme de Vos; antes deseo cada vez acercarme más a Vos. Vengo, pues, ¡oh mi amable Salvador!, vengo a recibiros esta mañana, humillado y confuso por mis pecados, mas muy confiado en vuestra piedad y en el amor que me tenéis.
Acto de contrición
¡Oh Dios de mi alma, cuánto me pesa de no haberos amado todo el tiempo de mi vida! Antes en vez de amaros os ofendí e injurié, y por satisfacer mis depravados apetitos disgusté muchas veces a vuestra bondad infinita, os volvía la espalda y desprecié vuestra gracia y vuestra amistad. ¡Oh cuánto me pesa, Señor! ¡Quién me diera que se partiese de dolor mi corazón! Aborrezco más que todos los males, las ofensas que he cometido, así graves como leves. Confío que Vos me habéis ya perdonado; mas si aún no he conseguido el perdón, perdonadme antes que os reciba. Lavad con vuestra sangre esta alma, en quien queréis venir a habitar dentro de pocos instantes.
Acto de deseo
Ea, pues, alma mía, ha llegado ya la hora feliz en la cual tu buen Jesús ha de entrar en tu pobre corazón. He aquí el Rey del cielo, tu Redentor y tu Dios que ya viene a ti, aparéjate a recibirle con amor, llámale con un deseo muy vivo. ¡Venid, oh Jesús mío! Venid a mi alma que os desea mucho. Mas primero que Vos os entreguéis a mí, quiero yo darme todo a Vos, aquí os entrego mi miserable corazón, aceptadlo y venid. Daos prisa a tomar posesión de él.
Venid, mi Dios, daos prisa y no tardéis, único e infinito bien mío, mi tesoro, mi vida, mi paraíso, mi amor y todo mi bien. Yo quisiera recibiros con aquel amor con que os reciben las almas más santas, con aquel amor con que os recibía María Santísima.
Para después de la Comunión
Virgen soberana y Madre mía, me acerco ya a recibir a vuestro Hijo. Dadme, Señora, en esta mañana a vuestro Jesús, como lo disteis al santo viejo Simeón; yo, de vuestras purísimas manos lo quiero recibir; decidle que soy vuestro siervo y devoto, porque así El me mirará con ojos más amorosos; asistidme y valedme.
Acto de fe
Ya mi Dios ha venido a visitarme y mi Salvador ha venido a habitar en mi alma. Ya mi Jesús está dentro de mí. ¡Oh bondad infinita! ¡Oh misericordia infinita! ¡Oh amor infinito! ¡Un Dios venir a unirse conmigo y hacerse todo mío! Alma mía, ahora que estás tan unida con Jesús, ¿qué haces? ¿Qué le dices? ¿No hablas con tu Dios que está dentro de ti? Ea, pues, aviva otra vez tu fe, considera que los ángeles están alrededor de ti adorando a su Dios que está dentro de tu pecho. Adora tú ahora también dentro de ti a tu Señor, recógete en ti misma y echa de ti todos los otros pensamientos, une todos tus afectos a tu Dios y dile:
Acto de humildad
¡Ay Jesús mío! ¡Mi amado, mi bien infinito! ¿En dónde estáis Señor? ¿Dentro de mi corazón? ¿De un corazón tan lleno de amor propio y de apetitos desordenados? Quisiera deciros con San Pedro: retiraos Señor de mí, porque soy muy indigno de hospedar un Dios de infinita majestad; idos a habitar en aquellas almas puras que os sirven con tanto amor, mas ¿qué digo Redentor mío? ¿Qué será de mí, si Vos me dejaseis? ¿Dónde iría sin Vos, sino a perderme para siempre? No os ausentéis, pues, de mí, yo me uno a Vos, que sois mi verdadera vida; muy loco fui, Señor, cuando me aparté de Vos por amor de las criaturas, pero protesto ahora en vuestra presencia que no quiero jamás separarme de vuestra voluntad, mi deseo es vivir y morir unido con vuestro corazón.
Virgen Santísima, Serafines, almas que amáis a Dios con puro amor, comunicadme vuestros afectos para que haga la compañía que debo a mi amado Señor.
Acto de agradecimiento
Dios mío y Señor mío, os doy gracias de la merced que me habéis hecho esta mañana de venir a habitar en mi pobre alma. Pues quisiera daros un agradecimiento digno de vuestra Majestad y del grande favor que me habéis hecho. Mas ¿qué agradecimiento podrá daros una criatura miserable como yo? ¿Si el joven Tobías no halla en sí posibilidades para agradecer dignamente al Arcángel San Rafael los beneficios temporales que de él había recibido, cómo podré yo agradeceros, Señor, no ya los temporales, sino el don de vuestro cuerpo y sangre Sacramentado que ahora me disteis en alimento?
¡Ah Señor! Aceptad a lo menos los fervorosos deseos que tengo de seros agradecido. Mi Madre y Señora María Santísima, santos mis abogados, Ángel de mi guarda, almas que vivís abrasadas en el amar de Dios, venid a ver y admirar el excesivo favor que ahora me hace y dadle por mí las gracias.
Acto de ofrecimiento
¡Ah Señor! Ya que os dignasteis visitar la pobre casa de mi alma, yo os la ofrezco con toda mi libertad y voluntad; Vos os habéis entregado todo a mí y yo me quiero dar todo a Vos; sí, mis potencias y sentidos sean ya todos vuestros para que no se empleen sino en vuestro obsequio, el entendimiento sólo me sirva para pensar en vuestra infinita bondad y la voluntad sólo para amaros. También os consagro y ofrezco esta mañana todo cuanto tengo: mis pensamientos, mis afectos, mis deseos, mis gustos, mis inclinaciones y mi libertad. En fin, en vuestras manos entrego mi cuerpo y mi alma.
Aceptad, ¡oh Majestad infinita!, el sacrificio que de sí mismo os hace el pecador más ingrato que ha habido sobre la tierra, pero que ahora se entrega y pone todo sin reserva en vuestras divinas manos. Haced, Señor, de mí todo lo que os agrade; venid, ¡oh fuego consumidor, oh amor divino!, y destruid en mí todo lo que no agrada a vuestros purísimos ojos; haced que de hoy en adelante sea todo vuestro y viva solamente para cumplir y obedecer, no sólo vuestros preceptos y consejos, sino también vuestros santos deseos y vuestro mayor gusto.
¡Oh Virgen Santísima! Presentad con vuestras purísimas manos esta ofrenda a la Santísima Trinidad y alcanzadme que la acepte y me comunique la gracia de serle fiel hasta la muerte.
Acto de petición
Alma mía, ¿qué haces? No pierdas este tiempo precioso en que puedes recibir todas las gracias que pidieras. ¿No ves al Eterno Padre que está mirando amorosamente dentro de ti a su amado Hijo, objeto en quien más se complace su amor? Echa fuera de ti todos los pensamientos mundanos, aviva tu fe, dilata tu corazón y pide cuanto quisieres.
¿No oyes al mismo Jesús que dice a tu corazón: alma, di lo que quieres de mí? Yo vine para enriquecerte y contentarte; pide con confianza y alcanzarás cuanto pidieres. ¡Ay mi dulcísimo Salvador! Ya que vinisteis a mi alma para comunicarme vuestras gracias y deseáis que os la pida, yo no busco, Señor, los bienes de la tierra, ni las honras, ni las riquezas ni los contentos del mundo; lo que ahora os pido humildemente es un grande dolor de mis pecados, una luz que me haga conocer la vanidad del mundo y cuán digno sois de ser infinitamente amado.
Trocad este mi corazón y dadme un corazón en todo conforme a vuestra santísima voluntad, un corazón que no busque sino vuestro santo amor. Yo no merezco estos favores, mas Vos los merecéis, mi amado Jesús; yo os los pido por vuestros méritos, por los de vuestra purísima Madre, por el amor que tenéis a vuestro Eterno Padre.
(Aquí podrá pedir cualquiera otra gracia particular para sí y para sus prójimos).
(No se olvide de los pecadores, ni de las almas del purgatorio y ruegue también por mí).
MODO DE OFRECER LA VISITA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, PARA GANAR LAS INDULGENCIAS DE LAS CUARENTA HORAS
Señor, deseo ganar las indulgencias concedidas por el Sumo Pontífice y demás prelados de la Iglesia a los que os visitan, expuesto en este santo ejercicio, por esto os ruego por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, salud y acierto en el gobierno de la Iglesia al Sumo Pontífice y demás prelados de ella. a cuyos fines os ofrezco esta Visita y la oración que he hecho en ella.