Oraciones de Ligorio para antes de la Comunión

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Acto de fe

¡Ah, mi amabilísimo Salvador! ¡Qué exceso de amor, qué abatimientos de vuestra Divina Majestad practicasteis para uniros conmigo en ese adorable Sacramento! Siendo Dios os hicisteis hombre, siendo inmenso os hicisteis niño; siendo Señor os hicisteis siervo, descendisteis del seno del Eterno Padre al seno de una virgen; del cielo, a un pesebre; del trono de gloria, a un patíbulo de ajusticiados, y esta mañana salís de ese sagrario para venir a habitar dentro de mi pecho.

He aquí, ¡oh alma mía!, a tu amante Jesús que ardiendo en aquel mismo amor con que te amó en la cruz, muriendo por ti, está en aquel divino Sacramento esperando que llegues a recibirle y desde allí está observando tus pensamientos, tu amor, tus deseos, tus pretensiones y las ofrendas que vas a presentarle.

Ea, pues, alma mía; aparéjate para recibir a Jesús y primeramente dile con viva fe: ¿Es posible, mi amado Redentor, que de aquí a pocos instantes habéis de venir a mí? ¿Un Dios infinito a un pecador tan malo e ingrato como yo? ¡Oh Dios escondido y desconocido de la mayor parte de los hombres! Yo os confieso, creo y adoro en el Santísimo Sacramento por mi Señor y Salvador y por confesar y defender esta Verdad daría voluntariamente mi propia vida. Vos venís para enriquecerme de gracia y para uniros conmigo. ¡Ah, mi dulce Señor! ¡Cuánta debe ser mi confianza, sabiendo que venís por motivos tan amorosos!

Acto de confianza

Alma mía, dilata tu corazón. Jesús puede hacerte todo bien, Él te ama excesivamente, espera, pues, grandes favores de Éste tu amante Señor, que impelido de su grande amor viene a consolarte. Sí, mi amado Jesús, yo confío en vuestra bondad, que entrando ahora en mi pecho, encenderéis en mi pobre corazón la suave llama de vuestro puro amor y un eficaz deseo de ejecutar en todo vuestra santísima Voluntad.

Acto de amor

¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡Verdadero y único amante de mi alma! ¿Qué más podéis hacer para que os ame? No os bastó morir por mí, quisisteis instituir ese grande Sacramento para daros todo a mí y unir vuestro corazón a mi corazón, al corazón de una criatura tan mala y tan ingrata como soy yo. ¡Oh amor inmenso! ¡Amor incomprensible! ¡Amor infinito! ¿Un Dios querer darse a mí?

Alma mía, ¿tú lo crees? Pues, ¿qué haces, qué dices? ¡ Oh Dios, oh Dios! ¡Oh amor infinito, único objeto digno de todo mi amor! Yo os amo con todo mi corazón, os amo sobre todas las cosas, os amo más que a mí mismo, más que a mi propia vida. ¡Oh si pudiese hacer que todas las criaturas os amasen cuanto Vos merecéis! ¡Ay, quién me diera amaros con aquel amor con que os aman los Serafines, con aquel amor con que os ama mi Madre y Señora, María Santísima! Afectos terrenos, salid de mi corazón, Madre del amor hermoso, Virgen Santísima, ayudadme a amar a aquel Dios que tanto deseáis sea amado.

¿No eres tú, alma mía, la que vas a recibir ahora el sagrado cuerpo de Jesucristo? ¿Eres, acaso, digna de tan alto favor? ¡Ay Dios mío! ¡Quién soy yo y quién sois Vos! Yo sé bien, y creo firmísimamente que Vos sois un Dios de majestad infinita e incomprensible; mas lo que yo soy, Vos, Señor, lo sabéis. ¿Es, pues, posible Jesús mío, que Vos, pureza infinita, deseéis entrar en un alma tan impura como la mía y que tantas veces ha sido manchada con el lodo vil de mis enormes pecados? ¡Ah Señor! A vista de vuestra infinita majestad y de mi gran miseria, me avergüenzo de aparecer delante de Vos. El temor y el respeto me quieren apartar de Vos, mas si me retiro de Vos, ¿dónde iré? ¿Y qué será de mí? No, Señor, no quiero ausentarme de Vos; antes deseo cada vez acercarme más a Vos. Vengo, pues, ¡oh mi amable Salvador!, vengo a recibiros esta mañana, humillado y confuso por mis pecados, mas muy confiado en vuestra piedad y en el amor que me tenéis.

Acto de contrición

¡Oh Dios de mi alma, cuánto me pesa de no haberos amado todo el tiempo de mi vida! Antes en vez de amaros os ofendí e injurié, y por satisfacer mis depravados apetitos disgusté muchas veces a vuestra bondad infinita, os volvía la espalda y desprecié vuestra gracia y vuestra amistad. ¡Oh cuánto me pesa, Señor! ¡Quién me diera que se partiese de dolor mi corazón! Aborrezco más que todos los males, las ofensas que he cometido, así graves como leves. Confío que Vos me habéis ya perdonado; mas si aún no he conseguido el perdón, perdonadme antes que os reciba. Lavad con vuestra sangre esta alma, en quien queréis venir a habitar dentro de pocos instantes.

Acto de deseo

Ea, pues, alma mía, ha llegado ya la hora feliz en la cual tu buen Jesús ha de entrar en tu pobre corazón. He aquí el Rey del cielo, tu Redentor y tu Dios que ya viene a ti, aparéjate a recibirle con amor, llámale con un deseo muy vivo. ¡Venid, oh Jesús mío! Venid a mi alma que os desea mucho. Mas primero que Vos os entreguéis a mí, quiero yo darme todo a Vos, aquí os entrego mi miserable corazón, aceptadlo y venid. Daos prisa a tomar posesión de él.

Venid, mi Dios, daos prisa y no tardéis, único e infinito bien mío, mi tesoro, mi vida, mi paraíso, mi amor y todo mi bien. Yo quisiera recibiros con aquel amor con que os reciben las almas más santas, con aquel amor con que os recibía María Santísima.