La gran promesa del Sagrado Corazón de Jesús

¿Es posible asegurar el Cielo?
Muchas personas buscan asegurar el bienestar futuro, y está muy bien. Pero, ¿es posible asegurar la salvación eterna? Para ir al Cielo hay que decidirse a hacer las cosas bien, cumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios. Pero a lo largo de la vida se presentarán muchos obstáculos, incluida la acción del demonio que siempre querrá desviarnos del camino.
La gran promesa
Aunque nuestro destino eterno es incierto para nosotros, hay una manera de asegurarlo gracias a la denominada "Gran Promesa". Esta fue revelada por Jesús a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690). He aquí las palabras de nuestro Señor:
"Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que nada ha perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles su amor; y, en cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por sus irreverencias, sacrilegios y desacatos en este sacramento de amor [la Eucaristía]. Pero lo que me es todavía más sensible es que obren así hasta los corazones que de manera especial se han consagrado a Mí. Por esto te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando en dicho día y reparando las ofensas que he recibido en el augusto sacramento del altar. Te prometo que mi Corazón derramará en abundancia las bendiciones de su divino amor sobre cuantos le tributen este homenaje y trabajen en propagar aquella práctica" (16 de Junio de 1675).
Y también le dijo: "Yo prometo en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso concederá a todos los que comulgen los nueve primeros viernes consecutivos la gracia de la perseverancia final: no morirán en mi desgracia ni sin recibir los Sacramentos, haciéndose mi Corazón su asilo seguro en aquella última hora" (Santa Margarita María de Alacoque, Autobiografía).
Cómo obtener esta gracia
1. Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos. Sirve usar alarmas para no olvidarse.
2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.
Se puede añadir esta oración:
Oh Dios, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.