COMENTARIO

 Gn 30,1-13 

Para dar hijos al marido, Raquel recurre al mismo medio que vimos en el caso de Sara (cfr 16,1-2). Tal costumbre se explica en un contexto social en el que la esclava pertenecía a su señora y, por tanto, ésta podía utilizarla en beneficio propio, incluso en la función de la maternidad. Así el hijo que la esclava tenía del marido de la señora era considerado hijo de ésta cuando ella misma había dado la esclava al marido con tal fin, y recogía al niño, al nacer, sobre sus rodillas. Al igual que otras costumbres de la época patriarcal, como la misma poligamia, la utilización de la esclava en la función de la maternidad no corresponde a la dignidad de la persona, y en concreto, de la mujer, tal como esa dignidad es presentada al describir el proyecto creador de Dios en caps. 1-2. La Biblia, en efecto, afirma con claridad la igual dignidad de cada ser humano, varón o mujer, creados a imagen y semejanza de Dios (cfr 1,26), así como la naturaleza monogámica del matrimonio según los designios divinos (cfr 2,24; Mt 19,5).

El hecho de que los patriarcas viviesen según unas costumbres no conformes al proyecto de Dios en la creación, indica, en el conjunto de la Biblia, la presencia en la humanidad del desorden introducido por el pecado (cfr cap. 3), y la condescendencia y pedagogía divinas que, a partir de aquellas situaciones históricas, va formando el pueblo de Israel y desvelando progresivamente la verdadera grandeza de la dignidad humana, así como del matrimonio y de la familia (cfr nota a 16,1-6).

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