COMENTARIO
Hay aquí datos concretos sobre la salida de Egipto. Se dirigieron «hacia Sucot», ciudad que las modernas excavaciones sitúan a unos 51 km al sudeste de Ramsés, en el delta del Nilo. Parece lógico que evitaran las rutas comerciales, más rápidas, pero más concurridas y vigiladas por los ejércitos faraónicos: tanto la ruta costera del país de los filisteos (cfr 13,17) como el camino del desierto del Sur, que conducía a Berseba, o la vía comercial que unía Egipto con Arabia. Hasta en este pequeño detalle se vislumbra la especial providencia de Dios, que no necesita caminos trillados para conducir a su pueblo.
El número de 600.000 israelitas que abandonaron Egipto está idealizado (cfr Nm 1,46; 26,51), pues supondría una población de unos tres millones de personas, contando mujeres y niños. Quizá para los contemporáneos del hagiógrafo esta cifra tenía un significado que hoy desconocemos; o quizá es simplemente un modo de indicar que eran muchísimos, dado el carácter épico del relato: así el poderío de Dios queda más de manifiesto.
La cifra de 430 años de estancia en Egipto (v. 40) difiere un poco de otra de 400 años que aparece con más frecuencia en la Biblia (cfr Gn 15,13; Hch 7,6; Ga 3,16-17). En el Pentateuco, los números tienen a menudo un carácter más simbólico que cronológico (cfr nota a Gn 5,1-32). Los 400 años indicarían la estancia del pueblo elegido en Egipto durante diez generaciones (cuarenta años por generación; cfr nota a Ex 7,7), es decir, un período completo de la historia de Israel.
«Noche de vela» (v. 42). Si la oscuridad suscita miedo como si fuera el tiempo de desgracias, Dios la transforma en tiempo de salvación. Puesto que Dios permanece en vela, los israelitas recordarán también en vela la noche de su liberación. La liturgia cristiana celebra en una solemne vigilia la resurrección del Señor, conmemorando simultáneamente la liberación de los israelitas, la redención de los cristianos y la victoria de Cristo sobre la muerte. Son tres momentos de la intervención divina salvando a los suyos que canta la Iglesia: «Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres. (…) Ésta es la noche en la que, por toda la tierra, los que empiezan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo. (…) Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (Misal Romano, Exultet).