COMENTARIO

 Nm 15,1-16 

En esta sección se especifican las ofrendas vegetales y las libaciones que debían acompañar a los sacrificios de animales. Éstos eran de dos clases: holocaustos en los que toda la víctima era quemada, y sacrificios de comunión, en cuya víctima participaban los oferentes y los sacerdotes, como se explica en el ritual de sacrificios del Levítico (cfr Lv 1-7). Ambos se ofrecían por tres motivos: para cumplir un voto, como sacrificio voluntario (o de donación), o en acción de gracias, siendo este último propio de las solemnidades (v. 3).

Las ofrendas vegetales y las libaciones son muy antiguas en la tradición israelita, aunque muchos detalles pudieron ser asumidos del ritual cananeo. Tienden a significar que los sacrificios son el banquete en el que participan Dios y los oferentes, entrando así en comunión. Aunque algunas expresiones, como el «suave aroma en honor del Señor» (v. 3) reflejen un antropomorfismo fuerte, como si Dios necesitara aspirarlo, lo cierto es que el Antiguo Testamento sale al paso una y otra vez contra esa consideración, y enseña que los sacrificios no son para satisfacer ninguna necesidad de Dios, sino que son signo de reconocimiento de la soberanía de Dios, del pacto, de la reconciliación, de la amistad, etc. Pero se requieren las disposiciones internas de los oferentes como insistieron los profetas y exigió Jesucristo: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9,13 y nota).

El «décimo» (v. 4) se refiere a la décima parte de una efah, medida de capacidad de áridos equivalente a unos 21 litros (cfr nota a Ex 16,32-36). El hin era una medida de capacidad de líquidos, equivalente a unos 3,5 litros.

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