COMENTARIO
Las etapas por el desierto conducen a la tierra prometida. De ahí que tras el recuerdo de aquellas, se traigan también a la memoria las condiciones impuestas por Dios para poseer la Tierra y habitarla en paz. Estas condiciones piden al pueblo absoluta fidelidad a Dios, eliminando de raíz todo lo que pudiera apartarle de Él, y, en concreto, los ídolos y los lugares de culto cananeos. En el tono del pasaje subyace, en cierto modo, la experiencia contraria: que Israel cedió con frecuencia ante los cultos idolátricos.
El reparto a suertes indica que, siendo la tierra de Canaán un don de Dios a su pueblo, todos participan de él, poseyendo cada uno aquella porción que Dios mismo le asigna mediante las suertes. Esta participación de todos en la posesión de la tierra prometida viene a ser una concreción, y como un reflejo, de la donación de toda la tierra y sus bienes a todos los hombres (cfr nota a Nm 27,1-11).