COMENTARIO
Son indicaciones dirigidas a defender la religión de Israel de la contaminación de los cultos de los distintos pueblos que vivían en la tierra de Canaán. En aquellos siglos, mientras iban adquiriendo cuerpo las instituciones del pueblo elegido, había que proveer también a la consolidación de los israelitas en la fe verdadera. Aunque ahora nos resulten extremadamente duras, estas medidas se veían entonces necesarias. De ahí la regla de conducta rígida de abstenerse del trato con esos pueblos (cfr a este respecto 14,1-2 y 32,8-9). En el Nuevo Testamento el panorama cambiará profundamente y el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, tendrá en sí la fuerza de la vida y de la gracia de Jesucristo para abrirse a todas las gentes y ofrecerles la energía y la capacidad salvífica con que Dios la ha dotado.
Las «estelas» —massebot— eran piedras alargadas hincadas en tierra de modo vertical, consagradas a las divinidades cananeas. Las «aserás» —«mayos» o «cipos»— eran troncos de árboles que se solían colocar cerca de sus altares.
Sobre la costumbre del «anatema», cfr nota a 2,24-37.