COMENTARIO

 Jc 13,2-25 

La vocación de Sansón ha sido decidida por Dios desde antes de su concepción. El relato sigue una estructura análoga a la vocación de Gedeón (6,11-23). Dios envía su ángel a una mujer estéril y le anuncia el nacimiento de un hijo (v. 5), que estará consagrado a Dios mediante el nazareato (cfr Nm 6,1-21 y nota correspondiente), y que tendrá que llevar a cabo una misión concreta: salvar a su pueblo de los filisteos. En el relato, vocación, dedicación a Dios y misión aparecen estrechamente unidas.

Quedan dibujados a grandes rasgos, los principales elementos relativos a la vocación. La iniciativa procede de Dios que contempla las necesidades de su pueblo y prepara desde su nacimiento a quien habría de salvarlo de sus enemigos. En el momento oportuno anuncia sus planes mediante un mensajero: un ángel se presenta a la esposa de Manóaj (v. 3) —que lo ve como «hombre de Dios» (v. 6)— y le comunica los planes divinos. En la escena destaca la disponibilidad de Manóaj y su mujer para secundar los designios de Dios (vv. 8 y 12). Como suele suceder en algunos anuncios sobrenaturales, en circunstancias de particular relevancia, el Señor ofrece una señal extraordinaria para dejar claro que el mensaje procede de Él y se cumplirá (cfr 6,21; Lc 1,20.36).

A la luz del Evangelio, se observa que algunos de los modos de hacer de Dios, que también se habían manifestado en la vocación de Gedeón (6,11-24), se repiten en la anunciación a María (cfr Lc 1,26-38). Y de la misma manera, la disponibilidad de Manóaj y su mujer para cumplir los proyectos del Señor, así como la extremada delicadeza y generosidad de María para hacer la voluntad divina, son mensajes que la palabra de Dios contenida en la Escritura dirige a cada uno para que examine su apertura a secundar los propósitos que Dios tiene acerca de él.

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