COMENTARIO

 1 S 4,1-7,1 

Las vicisitudes del Arca significan un cambio en la historia del pueblo, puesto que, al abandonar su antigua sede, desaparece para siempre Siló, el santuario de la época de los jueces, su culto y sus sacerdotes, y comienza una nueva etapa, con un nuevo santuario en la casa de Abinadab y un nuevo sacerdocio (7,1). Además, estos relatos contienen otra enseñanza importante: Dios protege a su pueblo, pero no se identifica con él. En el Antiguo Oriente se consideraba que la victoria de un pueblo sobre otro llevaba consigo la supremacía del dios del vencedor sobre el del vencido; pero en Israel no es así; aunque el pueblo sea derrotado por los filisteos, el Señor, Dios de Israel, seguirá siendo el Dios supremo y nunca se doblegará ante los dioses falsos de los vencedores.

Estos relatos contienen anécdotas llenas de ironía y elementos propios del folklore popular, como la ofrenda de ratas y tumores de oro (cfr nota a 6,1-7,1), pero bajo este ropaje se transmite la idea fundamental de que el Señor rige a su pueblo y le protege incluso en los momentos de mayor desgracia; por eso, será reconocido y honrado incluso por los pueblos paganos, como los filisteos.

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