COMENTARIO

 1 S 21,2-16 

La llegada de David al santuario de Nob dará pie a la cruenta matanza de los sacerdotes de ese santuario ordenada por Saúl al considerarlos traidores (22,16-23). La visita breve al rey filisteo de Aquis es un atisbo de cómo David supo manejar a los filisteos. De hecho, siempre sacó provecho de ellos.

El encuentro de David con Ajimélec en el santuario de Nob (vv. 2-10) es muy significativo: el sacerdote otorga a David privilegios muy excepcionales al darle de comer los panes consagrados y al brindarle la espada de Goliat. La ofrenda de los panes estaba regulada con normas muy estrictas (cfr nota a Ex 25,23-30): los panes estaban destinados exclusivamente a los sacerdotes (cfr Lv 24,9) y, al dárselos a David, Ajimélec interpreta el sentido de la ley más allá de la letra y reconoce que David, como soberano, puede alimentarse con ellos. En el Nuevo Testamento (Mt 12,3-8 y par.) se alaba esta interpretación generosa de la Ley y se aplica a la ley del sábado: si David, soberano y señor, no quebrantó la ley de los panes dándolos a los suyos como alimento, tampoco Jesús, «señor del sábado», quebranta su ley permitiendo a sus discípulos arrancar en sábado unas espigas para comer. También en esto David es figura de Cristo.

La anécdota de David fingiéndose loco ante el rey Aquis (vv. 11-16) muestra su sagacidad, muy superior a la de los filisteos (caps. 27 y 29). La ingenuidad del rey Aquis será aprovechada más adelante por David (27,1-12) para ir destruyendo a los aliados de los filisteos.

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