COMENTARIO
Muerto Abner, ya sólo Isbaal, descendiente de Saúl, podría obstaculizar a David la ascensión al trono del Norte. Pero, al ser cobardemente asesinado, le dejó completamente expedito el camino. Sin embargo, la reacción de David fue inmediata para alejar otra vez toda duda de complicidad en esta muerte: manda ajusticiar a los traidores que han matado a Isbaal, especificando que les corten las manos y los pies, pues con las manos le dieron muerte y con los pies se apresuraron a traer la noticia pensando en granjearse el favor de David.
La noticia del hijo de Jonatán (v. 4) quiere llamar la atención sobre otro descendiente que podía inquietar a David, pero es un niño y además está tullido; más adelante (cfr 9,1-13) se relata su mayoría de edad. En cuanto al nombre, ocurre lo mismo que con Isbaal (cfr nota a 2,8-11): el texto hebreo lo llama Mefibóset, que significa «de la boca de la mentira», mientras que el texto griego y las demás versiones antiguas siguiendo a 1 Cro 8,34 lo denominan Meribaal, que significa «defendido por Baal». Es probable que el cambio de nombre se debiera a que el texto hebreo detesta nombrar al dios cananeo Baal.
Todos los episodios narrados hasta aquí, que facilitan el acceso de David al trono, ponen de relieve que es Dios mismo quien dirige los acontecimientos y los orienta hacia el proyecto salvífico sobre su pueblo. David llegará a ser rey de Israel no por un pronunciamiento, ni sólo por sus hábiles estrategias, sino porque el Señor así lo ha querido.