COMENTARIO
Una vez que David se ha asentado en Jerusalén, el Señor le protege en sus batallas contra los filisteos. Aunque, como se ha dicho (cfr nota a 5,6-12), estas guerrillas debieron de ser anteriores a la conquista de Jerusalén, el autor sagrado prefiere subrayar la soberanía y la religiosidad de David. Así pues, son los filisteos quienes atacan por dos veces (vv. 17.22), por dos veces David consulta al Señor antes de tomar una decisión (vv. 19.23), y por dos veces los derrota (vv. 20.25) precisamente por haber cumplido lo que el Señor le había dicho (v. 25). «Con Dios, que no pierde batallas, seremos siempre vencedores. Por eso, en la pelea para la santidad, si te notas sin fuerzas, escucha los mandatos, haz caso, déjate ayudar,… porque Él no falla» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 151).