COMENTARIO

 2 S 24,18-25 

La erección del altar de Jerusalén cierra los libros de Samuel y está cargada de significado: es una iniciativa de Dios transmitida por el profeta Gad (v. 18), lleva consigo la exigencia de los sacrificios inaugurales que aplacan al Señor y reportan al pueblo el fin de la plaga (v. 25), y ha de ser erigido en un lugar comprado, no prestado o regalado (v. 24) para que quede constancia de que se ha colocado en la propiedad de Israel. El libro de las Crónicas especifica que este lugar será el elegido por Dios para construir el Templo de Salomón (cfr nota a 1 Cro 21,1-30). De esta forma Dios toma de nuevo posesión del terreno comprado, del pueblo censado y del rey arrepentido, y da comienzo a un nuevo periodo, la era de Salomón, que no tendrá que soportar el lastre de los pecados anteriores.

Con este último episodio se reafirma una vez más el mensaje de esperanza de los libros de Samuel: el Señor, que ha estado presente en los avatares del pueblo y en los orígenes de la monarquía, seguirá orientando sus pasos hasta que llegue Aquél que, como hijo de David, «reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin» (Lc 1,33).

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