COMENTARIO

 2 R 19,35-37 

Probablemente el desastre se debió a una peste. Sobre el ángel del Señor, cfr nota a 2 S 24,1-25. Ahora se cumple la segunda parte del oráculo de Isaías (cfr 19,7), y se pone en evidencia que el dios al que adora Senaquerib no tiene poder de salvarle. La muerte de Senaquerib hay que situarla el año 681 a.C.; de su asesinato a manos de sus hijos da cuenta también un monolito asirio dedicado al rey Asarhadón.

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