COMENTARIO
La reforma de Ezequías fue ante todo cultual, haciendo del único Templo de Jerusalén el centro de toda actividad religiosa. El rey determinó con detalle las funciones de los sacerdotes y levitas con relación al culto (v. 2), como habían hecho David y Salomón; pero además destinó una parte de los sacrificios para ellos con el fin de que «pudieran dedicarse de lleno a la Ley del Señor» (v. 4). De este modo quedó establecido que los levitas fueran los responsables de la enseñanza de la Ley.
La abundancia de ofrendas que llegaban al Templo (v. 10) era un claro indicio de que la reforma había calado en el pueblo, y también de que el Señor bendecía los esfuerzos realizados. Conforme a la doctrina del Cronista, se enseña de nuevo que Dios premia con creces lo que se hace por Él. «Dios no se deja nunca ganar en generosidad» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 40).
Sobre los diezmos ver nota a Dt 14,22-29.
El autor sagrado concluye el relato de la reforma religiosa (vv. 20-21) ponderando de nuevo la persona y actuación de Ezequías en favor del Templo, de la Ley y de los mandamientos.