COMENTARIO

 Is 44,24-28 

Siguiendo el esquema del pleito o disputa sapiencial, este oráculo en primera persona enseña el protagonismo de Dios en la creación (v. 24) y en la historia de Israel —reconocible por el rechazo de los agoreros (v. 25), el apoyo a los profetas (v. 26) y el acontecimiento del éxodo (v. 27)—; pero, sobre todo, tiene como objetivo mostrar que es Dios quien ha intervenido en la elección de Ciro (v. 28). Es la primera vez que se nombra explícitamente al rey persa (cfr nota a 41,1-7) y se le designa como «pastor», es decir, como guía del pueblo conforme al querer de Dios. Seguramente la mención del mandato de reedificar Jerusalén y el Templo aluden al decreto de Ciro (cfr 2 Cro 36,23; Esd 1,2-4; Ne 2,5ss.), que permitía el regreso de los deportados y la reconstrucción de las ciudades de Judá y del Templo de Jerusalén. El profeta quiere dejar claro que esta vez el dominio del nuevo imperio no es señal de castigo; Dios ha decidido salvar al pueblo por medio de este «pastor» venido de fuera.

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