COMENTARIO

 Jr 3,6-11 

Este oráculo, probablemente tardío, desarrolla una comparación entre los dos reinos, Israel y Judá, como dos hermanas, queridas por Dios, pero perversas e infieles. Ezequiel desarrollará con amplitud esta imagen (Ez 16 y 23). Judá debería haber aprendido de la desgracia del reino de Israel, desaparecido hacía un siglo. Pero ha caído en los mismos pecados.

Como en otros muchos lugares de la Biblia (Ex 34,15-16; Lv 20,5; Dt 31,16; Os 1,2; 4,12-14; etc.), los actos idolátricos eran considerados prostitución o adulterio contra Dios en virtud de la Alianza que le une al hombre con Él, que tiene la fuerza del vínculo matrimonial (ver nota a 3,12-13). La piedra y el leño (v. 9) aluden a las estelas de piedra (massebot) que en el culto cananeo se erigían en honor de Baal y a los troncos de madera (aserot) que delimitaban espacios de culto a los dioses o que honraban a la diosa Astarté.

En los ambientes religiosos de Judá se juzgaba con dureza la infidelidad de Israel, tal y como el profeta la denunciaba en el oráculo anterior, pero no se reparaba en que en su mismo reino se daba una situación muy parecida. Por eso Jeremías les reprocha que la vuelta a Dios de Judá, llevada a cabo en la reforma de Josías, no ha sido verdaderamente sincera (v. 10). Se invita así a no justificar los propios pecados, a la vez que se ponderan los errores de los demás, del mismo modo que en el Nuevo Testamento lo enseñó Jesús con la imagen de la mota y la viga en el ojo (cfr Mt 7,3-5).

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