COMENTARIO
En este punto Jeremías clama con palabras sobrecogedoras por la desolación que ve a su alrededor. La situación del pueblo es tan lastimosa que no hay a quien se pueda llamar para arreglarla, sólo a las plañideras para que lloren y se lamenten (vv. 16-19). No habrá más que destrucción y muerte (vv. 20-21). La personificación de la muerte reflejada en estos versículos es una imagen literaria que ha influido en la representación del esqueleto con la guadaña. Pero no es un ser real frente a Dios. Él es quien juzga: frente a los valores que los hombres aprecian —sabiduría, fuerza y riqueza— hay otros más importantes —misericordia, juicio y justicia— que se descubren al conocer a Dios (vv. 22-23). Lo importante no es apoyarse en las propias fuerzas sino en Dios. Así lo recordará San Pablo en 1 Co 1,31 y en 2 Co 10,17 al emplear las palabras de los vv. 22-23 para subrayar que la eficacia es del Señor, siendo absurdo tratar de gloriarse en uno mismo o en la propia capacidad. Y San Clemente Romano aprovechará estas mismas palabras de Jeremías para exhortar a la humildad: «Así pues, hermanos, tengamos sentimientos humildes, desprendiéndonos de toda jactancia, vanidad, insensatez e ira y hagamos lo que fue escrito (pues el Espíritu Santo dice: No se gloríe…), recordando sobre todo las palabras del Señor Jesús para enseñar la benignidad y la paciencia» (Ad Corinthios 13,1).
Judá ha perdido el rumbo y, aunque conserve algunas apariencias superficiales, en el fondo no tiene nada. Es como las otras naciones vecinas que también practicaban la circuncisión pero sólo como operación externa: ésta no llevaba aparejada la conversión del corazón (vv. 24-25). Judá no tendrá mejor suerte que esos pueblos (cfr nota a 25,15-38) —a los que se profetizan todo tipo de calamidades en los oráculos contra las naciones (cfr 46,1-51,64)— mientras no cambie a fondo, sin limitarse a prácticas superficiales. San Justino, explicando los vv. 24-25 a la luz del Nuevo Testamento, comenta: «¿Veis cómo no es esa circuncisión, que fue dada en señal, la que Dios quiere? Porque ni a los egipcios ni a los hijos de Moab y de Edom les sirve para nada. En cambio, aun cuando sea un escita o un persa, si tiene conocimiento de Dios y de Jesucristo y guarda la ley eterna, está circuncidado con la buena y provechosa circuncisión, y es amado de Dios, y Dios se complace en sus dones y ofrendas» (Dialogus cum Tryphone 28,4).