COMENTARIO
Como ya se señaló en la nota a 26,1-45,4, la mayoría de las narraciones contenidas en esta segunda parte del libro de Jeremías, en la que predominan los relatos en prosa, fueron probablemente redactadas por Baruc, secretario de Jeremías. En la conclusión, como si fuera su firma, Baruc transcribe un oráculo pronunciado tiempo atrás por Jeremías y dirigido a él personalmente. Es como la recompensa a la tarea de escribir las palabras de Jeremías el año 605 (v. 1; cfr 36,1-4). Ante la queja confiada de Baruc por los sufrimientos que padece en su tarea de asistirle (v. 3), Jeremías le tranquiliza diciendo que Dios también «padece», deshaciendo lo que había hecho con tanto amor (v. 4). Por tanto, si el Amo sufre, el siervo no debe extrañarse si también ha de sufrir. Pero debe tener confianza porque el Señor mismo cuidará de él (v. 5). Son palabras que evocan las de nuestro Señor Jesucristo cuando anuncia a sus discípulos que participarán de los sufrimientos del Maestro (cfr Jn 15,20), pero que pueden estar tranquilos pues también recibirán su recompensa: «En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33; cfr Mt 28,20).