COMENTARIO
Esta colección de oráculos contra nueve naciones extranjeras ha sido colocada en el texto hebreo, al que sigue la Neovulgata, cerrando el libro de Jeremías, justo antes del epílogo. Sin embargo, parece que en su origen estaban situados al final de la primera parte, inmediatamente después de 25,13 (cfr nota a 25,15-38). Así se encuentran en el texto griego de los Setenta, que a su vez los presenta en un orden diverso del transmitido por el texto hebreo. La mayor parte de estos oráculos fueron compuestos probablemente entre el año 605 a.C. (el primer oráculo contra Egipto) y el 590 a.C. (los oráculos contra Edom, Amón y Moab), antes, por tanto, de los acontecimientos narrados en 39,1-44,30.
En otros libros proféticos hay colecciones análogas de oráculos contra las naciones vecinas. Más concretamente en Amós (1,3-2,3), Isaías (13,1-23,18) y Ezequiel (25,1-32,32). Desde el punto de vista teológico, el que los profetas de Israel se dirijan y condenen a las naciones manifiesta la fe de Israel en que el Señor es el único Dios, el Dios de todos los pueblos, el que tiene poder para juzgarlos y frecuentemente condenarlos con severidad. Por otra parte, el trato despiadado a las naciones contrasta con la predilección a Israel, a pesar de que también sea castigada.